Los investigadores explican que este tipo de apego podría estar relacionado con los mecanismos de recompensa del cerebro, ya que jugar libera sustancias como la dopamina, asociadas con el placer y la motivación. Sin embargo, aclaran que los resultados no significan que los perros sean oficialmente “adictos” a sus juguetes, sino que existen conductas que merecen seguir siendo estudiadas para comprender mejor cómo influyen en su bienestar.
Los especialistas recomiendan que el juego forme parte de una rutina equilibrada, combinándolo con paseos, entrenamiento, exploración y socialización. Si un perro muestra una obsesión excesiva por un juguete, al punto de ignorar otras actividades o alterarse cuando no lo tiene, aconsejan consultar con un veterinario o un especialista en comportamiento animal para evaluar la situación.


