Los estudios médicos más recientes demuestran que la dependencia a las pantallas altera la postura, perjudica la visión, daña la piel y reduce la fuerza muscular.
Uno de los principales problemas es la postura que se adopta al mirar el celular, la cual ejerce una presión de hasta 27 kilos sobre las cervicales. Esta afección, conocida como “cuello tecnológico”, daña los discos de la columna y disminuye la capacidad pulmonar. Para mitigarlo, los expertos recomendaron elevar los dispositivos a la altura de los ojos y tomar descansos periódicos.
En el ámbito dermatológico, la flexión constante del cuello fomenta la aparición de arrugas por tensión repetitiva. Asimismo, advierten sobre las lesiones cutáneas provocadas por el uso permanente de los relojes inteligentes. Expertos señalan además que la humedad atrapada bajo las correas crea un entorno ideal para la proliferación de hongos o eccemas, por lo que sugirió retirarlos frecuentemente e higienizar la zona.
Respecto a los problemas de visión, Donald Mutti, profesor de optometría en la Universidad Estatal de Ohio, aclaró que el aumento global de la miopía no se debe estrictamente a la lectura en pantallas, sino al encierro. El investigador detalló que la tecnología reduce el tiempo al aire libre, privando a los ojos de la luz brillante necesaria para estimular la liberación de dopamina en la retina, un factor protector esencial para el desarrollo ocular.
Alertó sobre el declive de la fuerza de agarre en las nuevas generaciones. El académico remarcó que esta debilidad muscular, impulsada por el sedentarismo frente a las computadoras, funciona como una señal temprana de advertencia sobre la salud general, ya que representa un marcador clínico directamente vinculado a la mortalidad prematura.


