La eyaculación precoz es el trastorno sexual masculino más común, afectando a uno de cada cuatro hombres. Sin embargo, el especialista advirtió que el miedo y la vergüenza retrasan la consulta médica, lo que posterga el tratamiento y empeora la situación con el tiempo.
Aclaró que este trastorno de la función sexual no es una enfermedad, sino que deriva de una hipersensibilidad genital. Explicó que una mínima estimulación activa el reflejo eyaculatorio de manera automática e involuntaria, por lo que muchos hombres sienten que se excitan muy rápido y no pueden controlar su respuesta.
Según Paats, este trastorno afecta a hombres con vida sexual activa y suele tener base genética, siendo común hallarlo en familiares directos. Generalmente, se manifiesta desde el inicio de la vida sexual, aunque algunos desarrollan estrategias de control con los años y otros requieren tratamiento continuo.
Desde el punto de vista médico, el sexólogo explicó que se considera eyaculación precoz cuando el hombre eyacula, por lo general, antes del primer minuto de la penetración, no logra controlar la eyaculación, esta situación le provoca malestar y dificulta satisfacer sexualmente a su pareja por la rapidez con la que ocurre.
Advirtió que las consecuencias exceden lo sexual, afectando la autoestima y la confianza, y generando ansiedad, insomnio, problemas de concentración o memoria, e incluso crisis de pánico o depresión severa. El desgaste emocional y los conflictos de pareja aumentan la tensión y agravan el trastorno. Por eso, destacó que la comprensión y el acompañamiento de la pareja son fundamentales para la recuperación, mientras que la presión y los reproches empeoran el cuadro.
El tratamiento incluye psicoterapia, estrategias conductuales y medicamentos con buenos resultados. Cada paciente requiere una evaluación individual, ya que el problema también puede estar relacionado con la ansiedad alta, el consumo de estimulantes u otros factores.
Recomendó buscar ayuda profesional ante los primeros síntomas, evitar dejar pasar el tiempo y no automedicarse, debido a los posibles efectos adversos de los fármacos sin indicación profesional. Incluso cuando el problema mejora, puede reaparecer si no se identifican los factores desencadenantes o no se sigue correctamente el tratamiento indicado por el especialista.


