La especialista aseguró que fantasear con otra persona mientras se está en pareja es una experiencia más común de lo que muchas personas creen. Sin embargo, aclaró que el hecho de que sea frecuente no significa que siempre sea saludable, los pensamientos pueden aparecer de manera espontánea, pero cada persona decide si les da importancia o los deja pasar.
Señaló que existe una diferencia entre una fantasía pasajera y un deseo que empieza a ganar espacio. Mientras la primera aparece sin ser buscada y no modifica el comportamiento, el segundo lleva a alimentar esos pensamientos, repetirlos y disfrutarlos de forma constante. Para la entrevistada, cuando esto ocurre existe el riesgo de que esa idea termine influyendo en la vida real.
De acuerdo con Santos, mantener la mente enfocada constantemente en otras personas también puede afectar la relación de pareja. Explicó que estas fantasías pueden generar un distanciamiento emocional y sexual, favorecer las comparaciones y disminuir el deseo hacia la pareja. En cambio, cuando la atención y el deseo se orientan hacia la relación, aumenta la conexión, la intimidad y el bienestar compartido. “La mente puede ser tu aliada o tu saboteadora”, exclamó.
Recomendó estar alerta si estos pensamientos se vuelven frecuentes, incontrolables, distancian a la pareja, idealizan a otros o causan vacío y frustración. También es una señal de advertencia si se usan para huir de los problemas cotidianos, evidenciando carencias emocionales, afectivas o sexuales sin resolver.
Sobre si este tipo de fantasías debe confesarse a la pareja, la sexóloga sostuvo que no es necesario compartir cada pensamiento, ya que podría causar inseguridad o dolor innecesario. En su lugar, propone mantener conversaciones sinceras sobre las necesidades, los deseos, la falta de conexión o los aspectos de la intimidad que ambos quisieran mejorar.
Thais destacó que el objetivo no es revelar cada fantasía, sino fortalecer la confianza y construir una relación más íntima y saludable. Desde su mirada, el deseo necesita una dirección clara y una intención consciente para contribuir al crecimiento de la pareja.
“El pensamiento puede actuar a favor tuyo o en tu contra”.
- Thais Santos, psicoanalista y sexóloga.


