¿Crianza respetuosa? Cómo formar con empatía sin perder los límites

La crianza respetuosa gana espacio entre las familias, pero su correcta aplicación en la educación de los niños suele generar confusión. La psicóloga Noelia Castillo advirtió que existe una delgada línea entre educar con respeto y caer en una crianza permisiva, sin límites claros.

| Por La Tribuna
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Educar con empatía no significa permitir cualquier comportamiento.

La crianza respetuosa se consolidó en los últimos años como una alternativa para acompañar el desarrollo infantil desde el respeto, la empatía y el vínculo seguro. Sin embargo, la profesional de la salud mental señaló que muchas familias confunden este enfoque con permitir cualquier conducta, cuando en realidad los límites continúan siendo una parte fundamental de la educación.

La especialista explicó que una crianza respetuosa no implica que el niño haga lo que quiera, sino que el adulto mantenga su autoridad, pero ejerciéndola con firmeza, calma y coherencia, sin recurrir a la violencia física o psicológica. En ese sentido, el objetivo de este tipo de crianza no es eliminar las correcciones, sino cambiar la forma en que se realizan durante las dinámicas familiares.

Castillo recordó que el cerebro infantil, especialmente la corteza prefrontal, responsable del autocontrol, la planificación y la regulación emocional, continúa desarrollándose hasta la adultez. Por ello, sostuvo que no es posible esperar que un niño pequeño responda con el mismo nivel de control emocional que un adulto y destacó la importancia de comprender cada etapa del desarrollo.

La psicóloga señaló que uno de los pilares de este modelo es validar las emociones del niño, pero no todas sus conductas. Explicó que los límites deben ser claros y consistentes, enseñando habilidades para resolver los conflictos en lugar de recurrir al castigo. Como ejemplo, indicó que ante una agresión el adulto debe detener la conducta, reconocer la emoción del niño y orientarlo sobre una forma adecuada de actuar.

Respecto a los berrinches y las pataletas, explicó que constituyen una forma de comunicación y no siempre representan un intento de manipulación. En esos casos, recomendó que el adulto mantenga la calma y acompañe al niño mientras atraviesa esa emoción sin ceder al pedido que originó el conflicto, ya que esa actitud favorece el aprendizaje de la tolerancia a la frustración.

La principal diferencia entre la crianza respetuosa y la permisiva es la presencia de límites, ya que los niños necesitan adultos afectuosos, pero también firmes y coherentes, ya que un ambiente predecible y con normas claras favorece el desarrollo emocional, social y cognitivo, mientras que la falta de límites puede generar confusión sobre lo que se espera de ellos.

Tres herramientas para aplicar la enseñanza consciente

1. Validar las emociones: Reconoce lo que el niño siente y acompáñalo sin minimizar sus emociones. Ponerles nombre les ayuda a aprender a gestionarlas.

2. Corregir sin gritos: Habla con calma y explica qué conducta esperas. La disciplina positiva es más efectiva que los gritos o los castigos.

3. Promover la autonomía: Permite que tome decisiones acordes a su edad para fortalecer su confianza e independencia.

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