Sociedad

El fenómeno ‘TradWife’ amenaza los derechos de la mujer en EE.UU.

Katherine Culliton, exoficial de Derechos Civiles del gobierno estadounidense, analizó el preocupante auge de una tendencia conservadora que busca recluir a la mujer en el hogar y plantea eliminar su derecho al sufragio. ¿Un delirio de redes sociales o una amenaza real?

| Por La Tribuna
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Katherine Culliton en La Tribu 650: "El movimiento TradWife busca retroceder todos los derechos de la mujer"

El escenario político y social de los Estados Unidos atraviesa un momento de intensa polarización, y en medio de este clima turbulento ha cobrado fuerza un fenómeno digital y cultural conocido como las TradWives (esposas tradicionales). Lo que superficialmente comenzó como una tendencia en redes sociales de mujeres que eligen dedicarse exclusivamente al hogar, ha escalado hacia debates políticos radicales, llegando a proponer que el derecho al voto femenino sea revocado o sustituido por un “voto familiar” ejercido únicamente por el marido.

Para analizar el alcance de este movimiento, Katherine Culliton, quien se desempeñó como oficial de Derechos Civiles y Libertades Civiles en el gobierno de EE.UU. entre 2021 y 2022, ofreció un agudo análisis durante una entrevista exclusiva en “El programa Ese” de La Tribu 650.

El peligro de romantizar el retroceso

Culliton fue tajante al separar la elección personal de la agenda política. “Están confundiendo que una mujer elija estar en casa, cuidar a los hijos y administrar el hogar, con un movimiento que quiere retroceder todos los derechos de la gente”, explicó .

Según la experta, el fenómeno de las TradWives ha dejado de ser una simple ironía de internet para convertirse en un tema de conversación validado por ciertos sectores de la política estadounidense. Este cambio cultural, advierte, está intrínsecamente ligado al clima político generado en los últimos años.

“Estamos debajo de una presidencia (en referencia al impacto de la era Trump) que es muy problemática para los inmigrantes, los afroamericanos y las mujeres. Al hablar sin consecuencias y sin base legal, se provoca un movimiento que empuja a que la mujer deba estar más en casa y menos en el mundo laboral”.

¿Es posible que la mujer pierda el derecho al voto en EE.UU.?

Pensar en la abolición del voto femenino es imaginar un salto temporal de más de cien años hacia el pasado. Al ser consultada en “El programa Ese” sobre la viabilidad legal de que una propuesta tan radical prospere en el Congreso, Culliton se mostró firme, aunque cautelosa.

A su juicio, un delirio colectivo de esta magnitud no tiene base legal para consolidarse. “No va a pasar aquí. Estamos luchando mucho por los derechos fundamentales. Mi mamá y mi abuela lucharon por estas cosas, no podemos estar más atrasadas”, sentenció.

Sin embargo, reconoció que el peligro real radica en la desinformación. En la actual “era del espectáculo”, donde los discursos extremistas generan mayor impacto y clics que el análisis profundo, las ideas radicales se instalan rápidamente.

El rol de las redes sociales: Amplifican posturas que antes eran marginales, disfrazándolas de estilos de vida aspiracionales.

Intimidación electoral: Culliton advirtió que el sistema actual a menudo sirve para desanimar a los votantes, recordando que 90.000 personas elegibles no votaron en las últimas presidenciales.

Derechos en jaque: Las recientes decisiones de la Corte Suprema demuestran que los derechos adquiridos no son inquebrantables si no se defienden activamente.

El contraataque: Las mujeres como motor democrático

A pesar del ruido generado por las TradWives y los sectores más conservadores, los datos respaldan una realidad muy distinta en las urnas. “Las mujeres aquí votan más que los hombres, participan más y se involucran más en la comunidad”, destacó la exoficial.

Para Culliton, los derechos civiles son la barrera principal contra la discriminación basada en estereotipos de género. Lejos de retroceder, confía en que la participación femenina seguirá rompiendo barreras, apuntando al anhelado techo de cristal en la Casa Blanca.

“Tenemos que tomar el poder y actuar. El presidente trabaja para nosotros, no es que puede comprar su oficina”, concluyó, dejando un mensaje claro: frente a los intentos de retroceso, la respuesta de las mujeres estadounidenses será una mayor participación democrática.

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