Sociedad

¿Fe y amor?: influyen las creencias religiosas al momento de elegir pareja

Cuando la fe ocupa un lugar importante en la vida, también puede influir en la manera de amar y elegir pareja. La psicóloga Lilian López explicó cómo las creencias orientan los vínculos, qué ocurre cuando existen diferencias y de qué forma encontrar un equilibrio entre el amor y la espiritualidad.

| Por La Tribuna
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Una de las exigencias principales de un individuo puede consistir en que su pareja comparta sus mismas creencias.

Para la psicóloga Lilian López, la fe trasciende la mera costumbre para convertirse en una forma integral de comprender el amor, el respeto y el compromiso. La especialista explicó que las creencias funcionan como un marco interno que orienta a las personas hacia relaciones constructivas, dignas y duraderas.

En este sentido, la profesional recordó el pasaje bíblico de Filipenses 4:8 sobre la importancia de pensar en “todo lo verdadero y lo justo”, y señaló que, si bien la religión no toma decisiones por el individuo, sí orienta la mente y el corazón. Por ello, es común que muchas personas prioricen compartir estas convicciones al iniciar un vínculo.

López aclaró que esto no implica dejar de lado los sentimientos, sino que responde a una cuestión de identidad profunda. Apoyada en el libro de Amós (“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”), afirmó que poseer valores en común actúa como un sostén fundamental para enfrentar crisis y tomar decisiones conjuntas.

La influencia de la fe se arraiga frecuentemente en la educación infantil, donde se aprende a percibir el amor como un acto de servicio, responsabilidad y perdón, alejándolo de la simple emoción. Por esta razón, indicó la experta, las creencias actúan como un filtro consciente o inconsciente en la búsqueda de un compañero que maneje el mismo “lenguaje interior” y comparta una visión similar de la vida.

Sin embargo, López advirtió sobre el reverso de la moneda: la rigidez. Cuando las enseñanzas espirituales se transforman en reglas inflexibles, generan una fuerte presión. Las diferencias religiosas, detalló, suelen detonar conflictos severos ante la sensación de no sentirse comprendido, propiciando desacuerdos en temas neurálgicos como la celebración de fechas festivas o la educación de los hijos.

Asimismo, la psicóloga mencionó que la presión social o familiar y la culpa pueden agravar el panorama. En esa línea, subrayó un riesgo mayúsculo: utilizar la fe como herramienta de poder o juicio sobre el otro. Esta actitud, aseguró, daña profundamente el vínculo amoroso, transformando valores positivos como la paciencia o la fidelidad en exigencias problemáticas que ignoran las debilidades humanas.

Ante estos escenarios de tensión, el acompañamiento psicológico resulta vital para distinguir lo esencial de lo que puede ser negociado. La especialista concluyó que la terapia busca fomentar un diálogo donde se escuche sin juzgar y se exprese lo que se siente sin atacar ni buscar “quién tiene la razón”. El objetivo final no es obligar al paciente a elegir entre la fe y el amor, sino construir acuerdos que permitan a ambos pilares crecer en conjunto desde el respeto.

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