La sexualidad continúa siendo un tema rodeado de silencios y temores en muchos hogares paraguayos, donde existe la creencia de que hablar sobre el tema puede despertar una curiosidad temprana en niños y adolescentes, pero diversas investigaciones señalan que el acceso a información adecuada para cada edad favorece decisiones más responsables y una mejor protección de la salud física y emocional.
El especialista recordó que la sexualidad no comienza con la primera relación sexual, sino que forma parte del desarrollo humano desde el nacimiento y está presente en el conocimiento del propio cuerpo, en la construcción de la autoestima, en la forma de expresar afecto y en el aprendizaje de conceptos fundamentales como el respeto, los límites personales y el consentimiento.
Cuando los niños y adolescentes encuentran un espacio seguro para realizar preguntas, tienen mayores posibilidades de recibir orientación confiable. Por el contrario, cuando las dudas son respondidas con silencio, burlas o castigos suelen recurrir a otras fuentes de información, como internet, redes sociales o personas que también pueden estar desinformadas sobre estos temas.
La educación sexual abarca mucho más que aspectos biológicos y también incluye contenidos relacionados con las emociones, la comunicación, la responsabilidad, el respeto hacia los demás y la construcción de vínculos saludables. Además, proporciona herramientas para reconocer situaciones de riesgo, prevenir abusos y comprender los cambios propios de cada etapa del crecimiento.
El especialista señaló que los embarazos en la adolescencia responden a múltiples factores, entre ellos la desigualdad social, la violencia, la falta de información y las dificultades de acceso a servicios de salud. Sin embargo, destacan que la comunicación familiar continúa siendo una de las herramientas preventivas más importantes para acompañar a los jóvenes durante su desarrollo.
Los padres no necesitan tener todas las respuestas para abordar estos temas. Lo más importante es construir un vínculo de confianza que permita a los hijos expresar sus inquietudes sin miedo a ser juzgados. De esta manera, el diálogo se convierte en una herramienta de orientación que favorece decisiones responsables y contribuye al bienestar de toda la familia.


