La psicóloga Fátima Mancuello señaló que esta mezcla de emociones forma parte de un proceso normal de adaptación. Por ello, la comprensión y el acompañamiento de los adultos son fundamentales para que el niño pueda transitar esta nueva etapa y expresar lo que siente sin temor a ser juzgado.
Los celos también pueden aparecer ante la llegada del bebé. Según Mancuello, son una respuesta natural cuando el niño siente que debe compartir el tiempo, la atención y el afecto de sus padres. En algunos casos, incluso pueden presentarse conductas regresivas, como querer volver a usar el biberón, hablar como un bebé, pedir que lo carguen o mostrar cambios en el control de esfínteres.
La psicóloga explicó que estas conductas suelen ser temporales y responden a la necesidad de sentirse nuevamente protegido y atendido. La edad del hermano mayor también influye en la manera en que vive este cambio. Los niños pequeños pueden tener mayores dificultades para comprender por qué el recién nacido necesita tanta atención, mientras que los mayores cuentan con más herramientas para entender la situación, expresar sus sentimientos e incluso participar en algunos cuidados.
Sin embargo, aclaró que cada niño atraviesa este proceso de una manera diferente. La personalidad y el ambiente familiar también tienen un papel importante, por lo que no todos reaccionan de la misma forma ante la llegada de un hermano.
Existen algunas señales que pueden indicar dificultades para adaptarse. La especialista mencionó los cambios persistentes en el estado de ánimo, la irritabilidad, el aislamiento, la agresividad, el rechazo constante hacia el bebé, los problemas para dormir, la disminución del rendimiento escolar, la ansiedad excesiva o las regresiones que se mantienen durante un tiempo prolongado.
Recomendó prestar atención cuando el niño expresa repetidamente que ya no se siente querido o dice que preferiría que el bebé no estuviera en la familia. En estos casos, escuchar sus emociones y observar su comportamiento resulta clave para comprender lo que está atravesando.
Para acompañar al hijo mayor sin descuidar al recién nacido, Mancuello recomendó validar sus emociones y evitar juzgar lo que siente. Dedicar diariamente un momento exclusivo para compartir con él, aunque sean pocos minutos de atención plena, puede ayudar a reforzar su seguridad emocional.
Incluirlo en algunas actividades relacionadas con el bebé, reconocer sus esfuerzos y evitar las comparaciones también son acciones importantes. La psicóloga recordó que es necesario transmitirle constantemente que el amor de los padres no se divide con la llegada de un nuevo hijo, sino que se multiplica.
Pequeñas tareas acordes a su edad pueden favorecer el vínculo entre los hermanos. Alcanzar un pañal, cantar una canción al bebé o ayudar a elegir su ropa son algunas formas de hacerlos partícipes. También es positivo hablar sobre su nuevo rol como hermano o hermana mayor y reconocer la importancia que continúa teniendo dentro de la familia.
Pero Mancuello advirtió que el niño o la niña no debe ser obligado a participar si todavía no se siente preparado. Respetar sus tiempos y generar momentos agradables de interacción permiten que el vínculo con el bebé se construya de manera natural.
Para la psicóloga Fátima, la llegada de un bebé implica una reorganización emocional para toda la familia. Comprender que los celos, la inseguridad y las dificultades de adaptación pueden formar parte del proceso permite responder con empatía y paciencia.
Cuando el hermano mayor se siente escuchado, valorado y seguro del amor de sus padres tiene mayores posibilidades de construir un vínculo afectivo sano y duradero con su nuevo hermano.


