Según la especialista, este orden genera distintos efectos en el organismo, ya que las verduras, por su contenido de fibra, preparan el estómago para la digestión. Después, las proteínas estimulan hormonas digestivas relacionadas con la sensación de saciedad, mientras que los carbohidratos llegan cuando el sistema digestivo ya se encuentra procesando los alimentos consumidos previamente.
Como resultado, la absorción de la glucosa se vuelve más lenta y se evitan aumentos bruscos del azúcar en sangre. Además, la combinación de fibra y proteínas crea una especie de barrera física y química en el estómago, que ayuda a moderar los picos de glucosa y favorece una sensación de saciedad más prolongada después de las comidas.
Otro de los efectos asociados a este orden de consumo es la reducción de los llamados “picoteos” entre comidas. Al mantenerse la sensación de saciedad durante más tiempo, disminuye la necesidad de buscar alimentos adicionales a lo largo del día. Asimismo, Barrios explicó que puede ayudar a evitar la fatiga, la somnolencia o el cansancio que algunas personas experimentan después de comer.
Sin embargo, la especialista advirtió que uno de los errores más frecuentes es convertir esta estrategia en una regla rígida o una fuente de estrés. La obsesión por seguir esquemas alimentarios de manera extrema puede generar efectos contrarios a los buscados y dificultar el logro de objetivos relacionados con la salud o el peso corporal.
Es importante prestar atención a las porciones y a los ingredientes que acompañan las comidas durante todos los días. Aderezos con alto contenido de azúcar, alimentos ultraprocesados o largos períodos sin comer pueden afectar los resultados, por lo que, la recomendación principal sigue siendo mantener el equilibrio, tanto para la salud física como para el bienestar general.

