La especialista señaló que esta situación puede comenzar incluso desde los primeros meses de vida, cuando la alimentación es controlada exclusivamente por los adultos. Con el tiempo, esta dinámica influye en la forma en que las personas se relacionan con la comida y puede traducirse en la necesidad de terminar siempre todo lo servido, aun cuando ya no exista sensación de hambre.
Además de afectar la percepción de hambre y saciedad, esta conducta puede repercutir en la relación emocional con la comida. Vargas indicó que muchas personas crecen asociando los alimentos con premios, castigos o restricciones permanentes, lo que puede generar una visión de la alimentación basada en el control excesivo, las dietas constantes o sentimientos de culpa al consumir determinados alimentos.
La nutricionista explicó que el hábito del “plato limpio” puede favorecer tanto el consumo excesivo como el control exagerado de las porciones. Cuando una persona pierde la confianza en sus propias señales corporales, también pierde la capacidad de decidir cuánto necesita comer y como consecuencia, puede desarrollar una relación más rígida con la alimentación y dificultades para disfrutar los alimentos de manera equilibrada.
Entre las consecuencias asociadas a estos hábitos se encuentran diversos problemas nutricionales y cardiometabólicos, la obesidad infantil aumenta considerablemente la probabilidad de que esa condición continúe durante la adultez, además de sumar riesgos relacionados con diabetes, hipertensión, colesterol elevado y otras alteraciones metabólicas.
Respecto a la alimentación paraguaya, la profesional destacó que los platos tradicionales suelen contar con una combinación importante de nutrientes. Explicó que muchas preparaciones incluyen proteínas, carbohidratos y otros componentes que forman comidas completas y variadas. Por ello, considera que la base de la alimentación típica del país puede ser una aliada para el crecimiento y el desarrollo cuidando no caer en el hábito del plato limpio.
Es importante prestar atención a las porciones, los acompañamientos y la incorporación de verduras en formas más visibles y naturales. Enriquecer desayunos y meriendas con alimentos que aporten proteínas y otros nutrientes para lograr una alimentación más equilibrada. Además de buscar una estrategia a la hora de comer que permita aprovechar los beneficios de la comida tradicional paraguaya sin perder de vista las necesidades nutricionales.


