El sociólogo explicó que en las últimas generaciones hubo una fuerte disminución en la cantidad de hijos por familia. Señaló que entre las décadas de 1960 y 1980 eran comunes las familias con más de diez hijos, mientras que actualmente predominan hogares con uno a tres hijos, generando así un cambio cultural que desalienta la formación de familias numerosas.
Según indicó, este fenómeno también está relacionado con la vida urbana y la globalización, que trajeron nuevas experiencias y estilos de vida, haciendo que muchas personas decidan retrasar la vida adulta, la maternidad o la paternidad para no perderse ciertas oportunidades personales y profesionales.
Ferreira sostuvo además que Paraguay fue uno de los últimos países de América Latina donde la balanza entre lo urbano y lo rural se inclinó hacia la vida urbana, aunque ese cambio ocurrió en un período corto de tiempo. A su criterio, esto volvió más costoso y difícil tener hijos, ya que el modelo económico actual termina sofocando la formación de familias y de nuevos modelos familiares menos patriarcales.
Por otro lado, Henrique destacó que actualmente existe una mayor conciencia sobre el cuidado y los sentimientos hacia las mascotas, que pasaron a ser consideradas parte de la familia. Explicó que este cambio refleja una mejora en la sensibilidad de las personas y una transformación en la manera de construir vínculos afectivos.
Consideró que la urbanización aceleró la individualización de las personas y provocó cambios en los espacios de socialización y dentro de las propias familias. Según afirmó, hoy existe menos tolerancia a las frustraciones y dificultades propias de las relaciones humanas, lo que lleva a muchas personas a evitarlas y refugiarse en vínculos con mascotas, a las que consideran emocionalmente más predecibles. “Sabemos que el gato viene cuando quiere o que el perro demanda atención”, ejemplificó al comparar esos vínculos con las complejidades de las relaciones entre personas.
También mencionó que las redes sociales fortalecieron aún más la cercanía con los animales debido a la enorme cantidad de contenido relacionado con perros y gatos. Sin embargo, advirtió que al mismo tiempo se están normalizando escenas de crueldad hacia los animales que circulan diariamente en internet.
Concluyó que este fenómeno forma parte de un afecto social que ya existía y que hoy se encuentra cada vez más naturalizado, aunque lamentó que venga acompañado de un debilitamiento de los vínculos humanos, una menor tolerancia a las frustraciones y un aumento de la vida en soledad.


