A las 23:30, mientras gran parte de la ciudad duerme, Leoncia Arce comienza una nueva jornada. Llega hasta el Abasto para cargar su mercadería y luego se instala en su puesto del Mercado 4, donde pasa horas pelando mandioca para distribuirla a pollerías, comedores, hoteles, supermercados y distintos comercios de Asunción.
Hace 40 años vive de este oficio que heredó de su madre y que, según cuenta, le permitió salir adelante incluso en los momentos más difíciles. “Mi mamá empezó a hacer y yo después seguí. Ojalá mis hijos también sigan el día que yo no esté”, expresó.
Leoncia calcula que diariamente pela entre 500 y 600 kilos de mandioca. Aunque gran parte del trabajo lo realiza sola, durante la madrugada se suman su hija y su yerno para ayudarla con la producción y la distribución.
La rutina nunca fue sencilla, pero se volvió todavía más pesada hace cuatro años, cuando falleció su esposo. Desde entonces, quedó como único sostén del hogar. “Yo soy la cabeza, la que hace y deshace; todo sale de mi trabajo”, afirmó.
A pesar del cansancio, asegura que nunca pensó en abandonar. Gracias a ese esfuerzo logró construir su casa, mantener a su familia y dar estudio a sus hijos. Una de ellas se graduó recientemente como licenciada en obstetricia. “De este trabajo tengo mi casa, mi comodidad, no me hace falta nada”, señaló con orgullo.
En el mercado todos la conocen como Ña Leo. Es la primera en llegar cada madrugada y asegura que siempre recibió respeto y cariño de quienes trabajan en la zona. “Buen día, ña Leo, ya viniste ña Leo, qué te hace falta, ña Leo”, relató entre sonrisas al recordar el trato cotidiano de comerciantes y clientes.
Más allá del trabajo, Leoncia también intenta ayudar a personas que atraviesan necesidades. Considera que el sacrificio de las madres muchas veces supera cualquier dificultad y cree que las mujeres deben mantenerse firmes para sacar adelante a sus familias. “Si están solas como yo, tienen que luchar para sacar adelante a su familia”, sostuvo.
En este Día de la Madre, la historia de Leoncia Arce refleja la realidad de miles de mujeres paraguayas que sostienen sus hogares desde el esfuerzo diario, muchas veces silencioso, pero fundamental para construir oportunidades para sus hijos.


