Sociedad

Misión maternidad: el doble comando de la mujer que lidera el aire paraguayo

En Paraguay, la maternidad es sinónimo de fortaleza histórica, y la capitán piloto aviador militar Alba Romero es la expresión viva de esa estirpe. Entre el rigor de la Fuerza Aérea y la ternura del hogar, describe el desafío de comandar una aeronave y, al mismo tiempo, guiar el vuelo más importante de su vida: el de sus hijos.

Alba Romero, capitán piloto y mamá de dos hijos.

A sus 35 años, la capitán piloto aviador militar Alba Romero encuentra su lugar entre dos mundos que no siempre dialogan con facilidad. Por un lado, la disciplina, el riesgo y la exigencia de su carrera en la Fuerza Aérea Paraguaya. Por otro lado, la sensibilidad, el cuidado y la presencia que implica ser madre.

Romero explicó que son dos facetas fundamentales en su vida. “Volar no es solo una profesión, sino una pasión, y al mismo tiempo, regresar a casa y encontrarme con mis hijos es una emoción completamente distinta”, resaltó. Indica que el cambio es inevitable, en el trabajo asume su rol militar, mientras que en el hogar se conecta con una dimensión más íntima.

El equilibrio, reconoce, no siempre es sencillo. La principal dificultad es el tiempo, la carrera militar demanda disponibilidad constante y, en muchas ocasiones, implica alejarse de la familia para cumplir con el servicio. Explicó que ese es uno de los aspectos más complejos, ya que supone resignar momentos con sus hijos para responder a las exigencias de su vocación.

Alba recordó que la maternidad llegó en una etapa ya consolidada de su carrera, su primer hijo nació en 2019, cuando ya tenía un recorrido importante dentro de la institución. Recordó que los primeros años fueron desafiantes, al tener que adaptarse a una nueva dinámica entre el trabajo y la vida familiar. Con el tiempo, afirmó, que ese proceso se fue acomodando. Actualmente, con dos hijos, uno de seis años y una bebé de diez meses, la demanda es mayor, pero también lo es la experiencia para sostener ambas responsabilidades.

El riesgo inherente a su profesión también forma parte de su rutina. Romero comentó que cada salida implica una incertidumbre, y que el pensamiento de sus hijos está presente en todo momento. Indicó que esa es una de las realidades más difíciles de asumir, salir de casa sin la certeza absoluta de regresar, pero con la convicción de cumplir con su deber.

Su hijo mayor comenzó a dimensionar, en parte, el trabajo que realiza. Señaló que entiende las ausencias, aunque en ocasiones las cuestiona, como cualquier niño que necesita la presencia de su madre. Aun así, destacó que existe una comprensión progresiva sobre lo que implica su labor.

Más allá de las diferencias entre ambos mundos, Romero identifica un punto en común. La responsabilidad. “Pilotar una aeronave, en mi caso como comandante del helicóptero UH-1H, implica tomar decisiones y guiar, una tarea que también traslado a mi rol como madre. En ambos espacios la responsabilidad de conducir y cuidar es central”, dijo.

En la antesala del Día de la Madre, su historia refleja una realidad compartida por muchas mujeres que sostienen más de un rol al mismo tiempo. No desde la idealización, sino desde la práctica diaria de equilibrar exigencias, tiempos y afectos.

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