El “gooning” es una forma de autoestimulación en la que el objetivo no es alcanzar el orgasmo, sino prolongar el estado previo a este. Según la sexología, se trata de una variante extrema del edging (técnica sexual que consiste en estimularse hasta estar al borde del orgasmo, para luego detenerse o disminuir la intensidad), aunque en la práctica clínica se interpreta como la búsqueda de un estado sostenido de excitación, donde disminuye el pensamiento y se prioriza la sensación.
Durante esta práctica, el sistema de recompensa del cerebro se activa de forma continua, con liberación sostenida de dopamina. Al no llegar a un orgasmo, el ciclo no se completa, lo que genera un estado prolongado de excitación y el cuerpo permanece activo, mientras la mente puede experimentar desconexión, descrita por algunos como una sensación de trance o alteración de la conciencia, mencionó Quintana.
Desde el enfoque psicológico, el gooning no se limita a lo sexual, se asocia a patrones como la evitación emocional, la baja tolerancia al malestar, la necesidad de control y la desconexión del vínculo. En este sentido, puede funcionar como una estrategia de regulación emocional a corto plazo, que se utiliza para evitar pensamientos o emociones incómodas.
Si bien puede considerarse una forma de exploración del placer cuando es ocasional, su uso frecuente presenta riesgos, entre ellos, la desensibilización, la necesidad de estímulos cada vez más intensos y dificultades en la respuesta sexual con otras personas. A diferencia de prácticas como el tantra, que busca conexión, o el edging clásico, orientado a intensificar el orgasmo, el gooning se centra en sostener el estado de excitación sin cierre, muchas veces acompañado de estímulos visuales intensos y repetitivos.
El impacto también puede extenderse a la vida cotidiana, ya que la adaptación del cerebro a altos niveles de dopamina puede generar falta de motivación, dificultad para concentrarse y pérdida de interés en actividades habituales. Por el lado de los vínculos, puede afectar la relación de pareja, al disminuir el interés en la intimidad compartida y aumentar la distancia emocional.
El psicólogo clínico y sexólogo Víctor Quintana señaló que el gooning no es necesariamente patológico, pero advierte que, cuando se vuelve recurrente, puede cumplir una función de evitación emocional. El abordaje, indica, no pasa por la prohibición, sino por comprender qué emociones regulan esta conducta. Entre las estrategias, menciona la reducción progresiva del tiempo e intensidad, y la incorporación de alternativas como el ejercicio, la interacción social y actividades que requieran atención sostenida.
Señales de alerta
1-Limitar el tiempo: lo que empieza como “un rato” termina extendiéndose mucho más de lo previsto.
2-Responsabilidades: empezás a dejar de lado obligaciones laborales, académicas o personales para continuar con la práctica.
3-Estímulos intensos: lo que antes generaba satisfacción deja de ser suficiente, y se busca mayor intensidad o frecuencia para alcanzar el mismo nivel de efecto.
4-Irritabilidad o ansiedad: cuando no podés realizar la conducta, pueden surgir sensaciones de malestar, inquietud o frustración.


