Sociedad

Procrastinación e impacto emocional que pueden afectar la vida cotidiana

La procrastinación forma parte de la vida cotidiana de muchas personas y puede afectar distintas áreas cuando se vuelve frecuente. El psicólogo Diego Acuña explicó sobre las causas emocionales y los hábitos que influyen en este comportamiento.

| Por La Tribuna
El perfeccionismo y la ansiedad pueden influir en la procrastinación diaria.

El especialista explicó que actualmente la procrastinación ya no es entendida solamente como falta de disciplina o pereza. Según comentó, hoy la psicología la analiza como un fenómeno mucho más complejo, relacionado con la regulación emocional y con distintos factores cognitivos y ambientales. Indicó que muchas personas postergan tareas porque estas les generan ansiedad, frustración, presión excesiva o miedo al error.

Acuña señaló además que el contexto actual influye directamente en este comportamiento, debido a la gran cantidad de estímulos y distracciones presentes en el día a día, especialmente a través de las redes sociales y el exceso de información.

De acuerdo con el psicólogo, la procrastinación suele estar muy vinculada al perfeccionismo y la autoexigencia. Explicó que muchas personas no postergan por falta de capacidad, sino por la presión de querer obtener resultados perfectos. Ese temor a equivocarse, fracasar o recibir críticas puede generar ansiedad, dudas constantes e incluso dificultad para iniciar o finalizar tareas.

El profesional agregó que también existe un agotamiento mental en personas con altos niveles de rendimiento, quienes pueden experimentar saturación emocional. En esos casos, la procrastinación funciona como una forma momentánea de evitar el malestar asociado a determinadas responsabilidades o actividades.

Por otra parte, Diego Acuña aclaró que postergar tareas ocasionalmente es algo normal y no siempre representa un problema. Sin embargo, indicó que la situación cambia cuando esta conducta se vuelve repetitiva y empieza a afectar el trabajo, los estudios, las relaciones sociales o el bienestar emocional. Entre las señales más frecuentes mencionó el estrés constante, la culpa, la frustración y la dificultad para cumplir responsabilidades pese a tener intención de hacerlo.

También advirtió que uno de los errores más comunes es intentar combatir la procrastinación únicamente desde la disciplina o la culpa, sin comprender los factores emocionales que la sostienen. Añadió que muchas personas se sobrecargan de tareas o se plantean objetivos poco realistas, lo que termina aumentando la frustración y el agotamiento. A esto se suma la falta de descanso, ya que muchas personas no duermen ni se alimentan correctamente.

Recomendó abordar la procrastinación de manera integral, combinando organización práctica y trabajo emocional. Sugirió establecer objetivos pequeños y concretos, crear rutinas realistas, reducir distracciones y aprender a tolerar la incomodidad inicial que generan algunas tareas.

¿La procrastinación es una respuesta a la depresión?

El psicólogo Diego Acuña explicó que la procrastinación no siempre es una señal de depresión y que ambas situaciones no necesariamente van de la mano. Indicó que postergar tareas puede estar relacionado con distintos factores emocionales, como la ansiedad, el perfeccionismo, el miedo al error o la necesidad de evitar situaciones que generan malestar.

Según comentó Acuña, en algunos cuadros depresivos sí pueden aparecer dificultades en la motivación, la energía y la concentración, lo que podría favorecer la postergación de actividades. Sin embargo, remarcó que cada caso debe analizarse de forma individual, ya que no toda persona que procrastina atraviesa una depresión, ni toda depresión se manifiesta mediante este comportamiento.

También te puede interesar

Últimas noticias