En los últimos años, la palabra “princeso” se volvió frecuente en plataformas digitales y espacios de conversación informal, y se trata de una jerga generacional que no pertenece al ámbito científico, pero que se utiliza para describir actitudes dentro de las dinámicas de pareja, especialmente vinculadas al comportamiento de algunos varones.
De forma general, el término apunta a hombres que, según la mirada de la psicología, adoptan una posición pasiva frente a responsabilidades cotidianas o afectivas, mientras mantienen expectativas hacia la otra parte. A diferencia de otras nociones como la llamada “masculinidad frágil”, el “princeso” es caracterizado como alguien que evita resolver situaciones que le competen dentro del vínculo, mostrando baja disposición a la colaboración o a la tolerancia frente a la frustración.
En nuestro país, su uso se expandió principalmente a través de redes sociales, donde se convirtió en una forma de señalar desequilibrios en la convivencia o en la distribución de responsabilidades dentro de la pareja. Sin embargo, no existe una definición única ni consensuada, y su interpretación depende del contexto en el que se emplea.
La profesional de la salud mental explicó que este tipo de etiquetas simplifican realidades más complejas y donde las dinámicas de pareja, señalan, requieren acuerdos claros sobre roles, responsabilidades y expectativas, más allá de categorías que pueden generar estigmatización o confusión. En ese sentido, Torales explicó la importancia de la responsabilidad afectiva y de la disponibilidad emocional como elementos centrales para sostener vínculos estables.
Al mismo tiempo, el debate también refleja tensiones actuales sobre el rol del hombre en la sociedad, mientras algunos discursos enfatizan la necesidad de mayor apertura emocional, otros advierten sobre la presión social que enfrentan los varones para redefinir su lugar en el ámbito familiar y de pareja.
En la práctica, el uso del término “princeso” puede generar reacciones diversas. Para algunos, funciona como una crítica válida hacia conductas individuales; para otros puede resultar reduccionista o incluso reforzar estereotipos, por lo que su presencia en el lenguaje cotidiano evidencia cambios en la forma en que se analizan y discuten las relaciones en la sociedad actual.
¿ESTÁS EN UN VÍNCULO CON UN “PRINCESO”?
1. Inercia operativa: nunca toma la iniciativa en tareas del hogar o planes de pareja.
2. Baja resiliencia: se victimiza o se rinde fácilmente ante cualquier inconveniente.
3. Expectativas asimétricas: espera atención constante, pero no está disponible cuando el otro lo necesita.
4. Evitación de la adultez: delega en su pareja la resolución de conflictos o trámites que le corresponden a él.


