En el ámbito familiar, el vínculo entre tías y sobrinos suele destacarse por una conexión emocional más libre. Desde el punto de vista psicológico, esta relación se caracteriza por la ausencia de exigencias propias de los padres, donde los niños y adolescentes encuentran en la tía un espacio donde pueden relajarse, sin la presión constante de normas o responsabilidades, lo que favorece una mayor apertura emocional.
Este tipo de vínculo permite que los sobrinos se sientan en confianza para expresar inquietudes, pensamientos o experiencias que no siempre comparten con sus padres. Según la especialista, al no percibir un juicio directo, los chicos bajan sus defensas y logran comunicarse con mayor naturalidad. Este aporte es clave en el desarrollo emocional, ya que fomenta la confianza en otros vínculos cercanos.
La preferencia hacia las tías maternas no responde a un factor sociocultural, sino a la calidad de la relación construida. Awada señaló que el vínculo depende de la actitud del adulto, es decir, de la capacidad de la tía para generar cercanía y confianza. En muchos casos, las tías del lado materno logran mayor conexión por una presencia más constante o una relación más cercana con la madre, lo que facilita el contacto con los sobrinos.
Durante la adolescencia, esta figura cobra mayor relevancia. Es una etapa marcada por cambios y cuestionamientos, donde los jóvenes buscan espacios seguros para hablar sobre identidad, emociones o relaciones. Si el vínculo fue fortalecido desde la infancia, la tía puede convertirse en un apoyo importante en este proceso. No obstante, existen límites claros. La tía no debe asumir el rol de los padres ni desautorizar sus normas. Su función es acompañar, aconsejar y respetar la dinámica familiar. En caso de desacuerdos, el diálogo debe darse con los adultos, sin intervenir de manera directa frente al menor.
La preferencia por la familia materna, y en particular por las tías, se construye a partir del vínculo emocional, no como regla fija, sino como el resultado de la cercanía, el tiempo compartido y la capacidad del adulto para generar confianza.


