Durante la temporada de temperaturas bajas, los caldos se consolidan como una opción frecuente en la mesa paraguaya. Estos platos, además de ser parte de la tradición, cumplen una función importante para ayudar a mantener la temperatura corporal y generar sensación de saciedad. Desde el punto de vista nutricional, pueden ser completos, ya que aportan proteínas, carbohidratos y, en el caso del poroto, también fibra, vitaminas y minerales que contribuyen al sistema inmune.
Sin embargo, su valor nutricional depende en gran medida de cómo se preparan, según explicó la nutricionista Milena Ayala. Estos platos pueden volverse altos en calorías cuando se utilizan carnes con exceso de grasa, grandes cantidades de aceite o porciones abundantes, por eso, no se trata de eliminarlos, sino de mejorar su calidad, eligiendo cortes más magros, controlando el uso de grasas y ajustando las cantidades consumidas.
En cuanto a la frecuencia, la recomendación es clara; los caldos pueden incorporarse entre dos y tres veces por semana. Aunque son alimentos líquidos, también aportan calorías, por lo que su consumo en exceso puede generar un aporte energético mayor al necesario. En preparaciones como el vori vori, además, suele haber una combinación de varios carbohidratos, como el maíz y acompañamientos como la mandioca, lo que requiere mayor control en las porciones.
Para lograr un plato equilibrado, es clave complementar el caldo con otros alimentos. La profesional recomendó incorporar verduras de estación, ya sea dentro de la preparación o como acompañamiento, como zapallo, zanahoria, zucchini, repollo o espinaca. También se pueden sumar opciones como brócoli o coliflor, que aportan fibra y aumentan la saciedad sin agregar muchas calorías.
Para que un caldo sea nutricionalmente adecuado, la profesional subrayó que debe incluir una fuente de proteína de calidad, como carne magra, pollo o poroto, una buena cantidad de verduras que aporten vitaminas y fibra, y una proporción moderada de carbohidratos. Además, se recomienda reducir el uso de aceite y evitar frituras en la preparación.
La dieta de otoño puede ser equilibrada si se incorporan los caldos de forma consciente, priorizando la calidad de los ingredientes y el control de las porciones. El objetivo no es restringir estos platos tradicionales, sino adaptarlos a una alimentación saludable acorde a las necesidades actuales.


