Sociedad

Amor y rechazo al mismo tiempo: qué es la ambivalencia afectiva y cómo nos afecta

La ambivalencia afectiva ocurre cuando una persona experimenta, al mismo tiempo, sentimientos de amor y rechazo. A diferencia de la indecisión que implica evaluar opciones desde lo racional, en este caso se trata de emociones reales que conviven y generan tensión interna. Andrea Estigarribia, psicóloga, explicó que este fenómeno es frecuente en los vínculos de pareja.

| Por La Tribuna
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El amor y el rechazo conviven en tensión constante.

Según la especialista, en consulta es habitual encontrar personas que no logran definir si continuar o no una relación. Más que una duda, viven una mezcla emocional intensa. Pueden sentir ternura, por ejemplo, al ver a su pareja compartir con sus hijos y al mismo tiempo rechazo cuando aparecen situaciones de mentira o desconfianza. Esta contradicción suele reflejarse en conductas como el “tira y afloja”, mensajes ambiguos, irritabilidad, cancelación de planes o incluso el distanciamiento repentino.

Estigarribia explicó que, si bien es natural experimentar emociones mixtas, su intensidad suele estar ligada a la historia personal. En este sentido, retoma la teoría del apego de John Bowlby, que plantea que cuando los vínculos tempranos fueron inestables, el amor puede quedar asociado al miedo.

Este tipo de dinámica impacta directamente en la relación, la ambivalencia genera desregulación emocional y comportamientos impredecibles, lo que produce inseguridad y ansiedad en la pareja. Además, suelen aparecer ciclos repetidos de ruptura y reconciliación, cuando hay distancia, surge la necesidad de volver, pero cuando el vínculo se estabiliza, reaparece el rechazo. “Muchas veces no es falta de amor, sino presencia de miedo”, advirtió la psicóloga, en referencia a temores al abandono, al compromiso o a la soledad.

Aclaró además que esta tensión constante puede generar un alto nivel de angustia interna en quien la vive, dificultando la toma de decisiones y reforzando la sensación de estar atrapado en el vínculo. Esta experiencia no solo afecta el presente de la relación, sino también la forma en que la persona se percibe a sí misma dentro de ella.

Aun así, la profesional destacó que la ambivalencia no es negativa en sí misma, sino que se vuelve problemática cuando no se comprende. Por eso, recomendó reconocer lo que se siente, ponerle nombre a las emociones, observar cuándo aparecen y preguntarse qué tipo de persona se quiere ser dentro de ese vínculo.

Como herramienta práctica, Estigarribia aconsejó cambiar el “pero” por el “y” al expresar lo que se siente. Este simple ejercicio permite integrar emociones opuestas, por ejemplo, “lo amo y me hace daño”, facilitando la toma de decisiones siendo más conscientes.

Señaló que si no se trabaja, la ambivalencia puede sostener vínculos desgastantes o dañinos. Sin embargo, cuando hay conciencia y un proceso personal, es posible transformarla en una oportunidad para construir relaciones más sanas y equilibradas.

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