La flexibilidad es la capacidad del cuerpo para moverse con libertad, permitiendo que los músculos y las articulaciones se estiren y se adapten a distintos movimientos, puede entenderse de forma sencilla como la parte elástica de nuestro cuerpo, que si está en buen estado, se estira sin problema y vuelve a su forma original, explicó el profesor de educación física y especialista en flexibilidad Marcelo Sáenz.
Cuando el cuerpo tiene buena flexibilidad, las tareas cotidianas como agacharse, caminar o levantar objetos se realizan con mayor facilidad y con menos esfuerzo, lo que también reduce el riesgo de lesiones.
El profesional destacó que lo positivo es que la flexibilidad se puede recuperar y mejorar en cualquier momento, no es necesario empezar con ejercicios complicados, sino con movimientos simples y constantes. Estiramientos suaves de brazos, cuello, espalda o piernas, realizados de forma diaria, pueden marcar una diferencia. Lo más importante no es la intensidad, sino la regularidad y el respeto por los límites del propio cuerpo.
Este proceso de mejora es posible tanto en jóvenes como en adultos mayores. En las personas mayores, ayuda a recuperar movilidad y autonomía, mientras que en los jóvenes sirve para prevenir problemas futuros, en ambos casos, el cuerpo responde de manera positiva cuando se le da movimiento de forma constante, aunque los resultados aparecen de forma gradual.
Cuando esta capacidad disminuye, el cuerpo comienza a sentirse más rígido, y esa rigidez limita el movimiento y puede generar molestias en distintas partes del sistema musculoesquelético con un proceso lento que, muchas veces, no se nota al principio. Con el tiempo, actividades simples pueden volverse incómodas o más difíciles de realizar, lo que impacta directamente en la rutina diaria.
Una de las principales causas de esta pérdida de flexibilidad es el estilo de vida actual es pasar muchas horas sentado, frente a una pantalla o sin moverse demasiado, hace que el cuerpo se vuelva más rígido. A esto se suma la falta de actividad física regular, que reduce la movilidad general y hace que los músculos pierdan elasticidad, una situación común en la vida moderna, donde el movimiento suele quedar en segundo plano.
Mantener la flexibilidad activa no requiere de grandes esfuerzos, mencionó Sáenz, pero sí compromiso y constancia. Incorporar pequeños momentos de movimiento durante el día puede ser suficiente para mejorar la salud física y evitar la rigidez. Con el tiempo, estos hábitos simples tienen un impacto directo en el bienestar general y en la forma en que el cuerpo responde a las actividades diarias.
PASOS PARA MEJORAR LA FLEXIBILIDAD
1. Movimientos integrados: no trabajar un solo músculo, buscar movimientos completos que activen varias articulaciones a la vez.
2. Cuidar cadenas musculares: cada movimiento activa grupos musculares conectados y no zonas aisladas, por lo que hay que trabajar de forma gradual.
3. Ejercicios simples y controlados: empezar con gestos básicos como estirar brazos hacia arriba y mantener unos segundos, la clave es el control, no la intensidad
4. Constancia semanal: en personas no atletas, lo ideal es trabajar flexibilidad 2 o 3 veces por semana, ya que la regularidad es más importante que la duración de cada sesión.
5. Progresión sin apuro: la flexibilidad tarda más en desarrollarse que la fuerza, pero se mantiene mejor en el tiempo. Avanzar poco a poco para ampliar el rango de movimiento.

