Entre los principales componentes del cacao que influyen en el ánimo se encuentran los flavonoides, la teobromina y pequeñas cantidades de cafeína. Estos ayudan a mejorar la circulación cerebral y generan una sensación de energía y bienestar, lo que puede contribuir a reducir la irritabilidad. A esto se suma el magnesio, que cumple un rol importante en la regulación emocional.
Muchas personas perciben una mejora casi inmediata en su humor al consumir chocolate. Según la especialista, esto se debe a la rápida respuesta del cerebro ante el sabor, la textura y los compuestos del cacao, que activan los centros de placer. Sin embargo, también interviene un componente emocional, ya que suele asociarse con momentos de recompensa o consuelo.
No todos los chocolates tienen el mismo efecto; aquellos con alto contenido de azúcar pueden provocar un aumento rápido de energía seguido de una caída, lo que favorece el cansancio, la irritabilidad y la ansiedad. Por eso, Gómez recomendó optar por chocolate con al menos 70% de cacao y consumirlo con moderación. Una porción de entre 20 y 30 gramos es suficiente para obtener beneficios sin efectos negativos.
La nutricionista advirtió también sobre el consumo emocional, si bien el chocolate puede brindar alivio momentáneo en situaciones de enojo o frustración, no resuelve el problema de fondo y puede convertirse en un hábito poco saludable si se utiliza como única herramienta para gestionar las emociones.
Además del chocolate, una alimentación equilibrada resulta clave para el bienestar emocional. Frutas como la banana o la palta, frutos secos ricos en magnesio, pescados grasos con omega 3, alimentos fermentados y cereales integrales pueden contribuir a mejorar el ánimo. En este sentido, la salud intestinal cumple un papel fundamental: el intestino, conocido como el “segundo cerebro”, influye directamente en cómo nos sentimos. Cuando la microbiota intestinal está alterada, pueden aparecer síntomas como irritabilidad, ansiedad o bajo estado de ánimo.
En la práctica clínica, Gómez observó que al mejorar la alimentación priorizando alimentos reales y nutritivos no solo se obtienen beneficios físicos, sino también un aumento en la energía, el bienestar y la calidad de vida. Concluyó diciendo que la nutrición va mucho más allá del peso, ya que impacta directamente en cómo nos sentimos día a día.









