Desde la neuropsicología se describe a la neuroplasticidad erótica como la capacidad del cerebro de cambiar y adaptarse a lo largo de la vida y cómo aprende del placer. Este proceso no es igual para todas las personas, ya que se construye desde la infancia y continúa desarrollándose con las experiencias, las relaciones y las fantasías.
Según la especialista, el placer es una construcción personal que puede modificarse con el tiempo. “Una persona puede disfrutar de ciertas prácticas en una etapa de su vida y, más adelante, dejar de hacerlo o encontrar satisfacción en otras formas de estimulación”, agregó. Esto incluye tanto experiencias físicas como elementos imaginativos, lo que demuestra que la sexualidad está en constante cambio, mencionó.
El proceso de cambio del deseo está relacionado con la anticipación, con lo que la persona imagina o espera que ocurra, mientras que la excitación es una respuesta que combina aspectos físicos y emocionales. Para que esto suceda, se activan sistemas del cerebro como el de recompensa, donde la dopamina cumple un rol importante, generando sensaciones de motivación y placer.
La especialista también señaló que el cerebro tiende a reforzar aquello que se repite, por lo que si una persona se acostumbra a un tipo específico de estímulo, puede condicionar su forma de excitarse. En algunos casos, esto puede dificultar la conexión en situaciones reales, ya que el cerebro aprende a responder de una manera determinada y le cuesta adaptarse a otras.
No existe edad para aprender cosas nuevas
Una de las mayores revelaciones de la neuroplasticidad es que no existe un límite de edad para aprender a sentir. Si bien el cuerpo cambia y los ritmos varían, la capacidad de explorar nuevas sensaciones permanece intacta. Incluso, la madurez suele aportar un mayor conocimiento del propio cuerpo, lo que potencia la respuesta sexual.
Para quienes sienten que han caído en la rutina, la especialista aseguró que el reentrenamiento cerebral es posible.
La clave está en salir de los hábitos automáticos, como cambiar el entorno, variar el ritmo de los encuentros o centrar la atención en las sensaciones sutiles del cuerpo en lugar de obsesionarse con el orgasmo. Al final del día, entender que el cerebro sigue aprendiendo abre una puerta infinita hacia una vida sexual más plena y saludable.
LLAMADA:
“Una persona puede disfrutar de ciertas prácticas en una etapa de su vida y, más adelante, dejar de hacerlo o encontrar satisfacción en otras formas de estimulación”.
Claves para “resetear” el deseo sexual
*Foco en la sensación: priorizar el recorrido táctil y sensorial por encima de la meta del orgasmo.
*Romper el hábito: modificar horarios, lugares o estímulos para desafiar la rigidez del cerebro.
*Estimulación sin objetivo: realizar ejercicios de contacto físico sin la presión de llegar a un encuentro sexual completo.
*Potenciar la imaginación: nutrir el sistema de recompensa mediante la anticipación y el juego mental.



