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¿Qué ocurre en el cerebro al posponer el despertador?

Posponer el despertador es una práctica común en la rutina diaria. Sin embargo, esos minutos extra no siempre se traducen en un descanso real. Desde …

| Por La Tribuna
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Estos minutos no siempre resultan reparadores. Mateo Gobo

Posponer el despertador es una práctica común en la rutina diaria. Sin embargo, esos minutos extra no siempre se traducen en un descanso real. Desde la medicina del sueño y la psicología, se advierte que este hábito está más relacionado con el cansancio acumulado que con una necesidad puntual.

Los especialistas identifican tres cronotipos principales. El matinal, conocido como “alondra”, el vespertino o “búho” y un tipo intermedio sin una preferencia marcada. En los casos extremos, estas diferencias se acentúan. Mientras algunas personas tienden a dormir temprano y despertar antes, otras se inclinan por horarios nocturnos, lo que dificulta adaptarse a rutinas tempranas.

En este contexto, el uso repetido del botón de “posponer” suele ser más frecuente en personas con cronotipo vespertino, especialmente jóvenes o quienes duermen menos horas. Se estima que entre el 50% y el 70% de las personas recurren a este hábito, acumulando en promedio unos 20 minutos adicionales de sueño fragmentado.

Desde lo fisiológico, estos minutos no siempre resultan reparadores. El descanso se vuelve más superficial, lo que puede facilitar el despertar, pero no mejora la calidad del sueño.

Además, este hábito se vincula con la llamada inercia del sueño, ese estado de somnolencia y bajo rendimiento al despertar. Fragmentar el descanso final puede suavizar esa transición, aunque no soluciona el problema de fondo, que suele ser la falta de horas de sueño.

El ritmo circadiano, que regula los ciclos de sueño y vigilia, depende en gran medida de la luz natural. Cuando se altera, pueden aparecer efectos en la salud general, desde fatiga persistente hasta mayor riesgo de trastornos metabólicos.

En ese sentido, los especialistas coinciden en que el problema no es el despertador en sí, sino el descanso insuficiente. Ajustar los horarios de sueño y respetar las necesidades del organismo resulta clave para evitar depender de este hábito y comenzar el día con mayor claridad.

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