El baño de color consiste en la aplicación de productos que depositan pigmento de manera superficial a diferencia de la tintura tradicional, no modifican la raíz ni aclaran el cabello, sino que actúan sobre el color que ya existe. Su uso es frecuente en cabellos que ya pierden la intensidad con los lavados, especialmente en tonos cobrizos, rubios platinados o castaños tipo chocolate.
Cada producto cumple una función específica, explicó la profesional. Los champús matizadores se utilizan principalmente para corregir tonos indeseados. Por otro lado, las mascarillas o baños de color aportan pigmento y, al mismo tiempo, hidratación, lo que permite recuperar la intensidad del color y mejorar la textura del cabello.
Esta técnica también funciona como una alternativa para mantener el color vibrante sin necesidad de llegar a la fecha de un nuevo retoque permanente, subrayó Ortigoza. Al aplicarse de forma periódica, ayuda a prolongar el efecto de la coloración, evitando procesos químicos repetitivos que pueden resecar o debilitar el cabello, especialmente cuando se decolora en una fecha específica cada mes.
Es importante entender que el baño de color no reemplaza a la tintura, mencionó la especialista en técnicas de color. “Su función es mantener y realzar el color que ya se tiene, pero no genera un cambio en el tono del cabello”, explicó, por lo que los resultados pueden variar según la base, el nivel de aclaración y el estado de la fibra capilar.
Ortigoza recomendó mantener expectativas realistas y comprender que estos productos tienen un alcance limitado. La evolución del color puede depender de múltiples factores, como el desgaste previo, la porosidad del cabello y la frecuencia de uso.


