El entrenamiento en pareja se consolida como una práctica que va más allá de lo físico. La nutricionista Romy González señaló que este hábito genera motivación mutua, fortalece la confianza y permite establecer objetivos compartidos, lo que facilita la constancia en el tiempo.
Según explicó, cuando ambos integrantes se comprometen con una rutina también se ordenan otros aspectos de la vida diaria. “El ejercicio en conjunto impacta en la forma de comer, en los horarios y en las decisiones cotidianas”, indicó. Este efecto, sostuvo, potencia los resultados y refuerza la disciplina.
Uno de los cambios más significativos se observa en el entorno familiar. González afirmó que cuando la pareja adopta hábitos saludables, estos se trasladan al hogar. “El ambiente influye directamente en la conducta alimentaria. Si ambos lideran el cambio, los hijos también lo incorporan”, acotó.
Desde el punto de vista emocional, destaca el rol del ejercicio en la regulación del estrés. La liberación de endorfinas y dopamina contribuye a reducir la ansiedad y mejora la relación con la comida. “Una mente más estable facilita sostener un plan alimentario”, mencionó.
En cuanto a la alimentación, aclaró que cada persona tiene requerimientos distintos. Por ello, recomendó adaptar las porciones según las necesidades individuales, pero mantener una base común de alimentos. Esta estrategia simplifica la organización y evita la preparación de comidas separadas.
Sobre la suplementación, indicó que puede ajustarse con criterios similares para ambos, con pequeñas diferencias según el objetivo o la intensidad del entrenamiento. En ese sentido, subrayó la importancia de contar con orientación profesional.
González también destacó que el apoyo mutuo reduce el abandono. “Cuando uno baja el ritmo, el otro sostiene. Ese equilibrio es clave para mantener el hábito”, afirmó.
Para iniciar, recomendó definir objetivos claros, elegir una actividad que ambos disfruten y establecer horarios compatibles. La comunicación, agregó, es fundamental para sostener el proceso.
El entrenamiento en pareja no solo mejora la salud física, sino que se convierte en una herramienta para fortalecer el vínculo y construir una rutina compartida más equilibrada.


