El sentimiento de culpa es una de las emociones más difíciles que puede experimentar una persona, especialmente en contextos de enfermedad, pérdida o toma de decisiones difíciles. Según explicó la psicóloga Betty Antar, esta emoción suele aparecer cuando alguien siente que no hizo lo suficiente o que pudo haber actuado de otra manera.
En situaciones límite, como el acompañamiento a un ser querido con una enfermedad grave, la culpa puede intensificarse. Muchas personas se preguntan si tomaron la decisión correcta o si podrían haber evitado determinado desenlace. Este tipo de pensamientos, lejos de aliviar, tienden a profundizar el malestar emocional.
La especialista señaló que la culpa, en cierta medida, es una reacción humana natural, pero cuando se vuelve constante o paralizante, es necesario trabajarla. Una de las claves es comprender que muchas decisiones se toman en contextos de alta presión emocional, con la información y los recursos disponibles en ese momento.
Además, recomienda evitar la autoexigencia extrema, no siempre es posible tener el control total de las situaciones, y aceptar esa limitación es parte del proceso de sanación emocional. El acompañamiento profesional cumple un rol fundamental, a través de la terapia psicológica, las personas pueden resignificar lo ocurrido, procesar sus emociones y reducir la carga de culpa que muchas veces arrastran.
También es importante apoyarse en el entorno cercano, como hablar con familiares o personas de confianza puede ayudar a aliviar el peso emocional y brindar nuevas perspectivas. Trabajar el sentimiento de culpa no implica olvidar, sino aprender a convivir con lo vivido sin que esto afecte negativamente la salud mental. En este proceso, el tiempo, la contención y la ayuda profesional son aliados clave.


