El efecto rebote ocurre cuando una persona logra bajar de peso, pero luego vuelve a subir, incluso a veces más que antes. Según la nutricionista Azucena Gómez, esto no se debe a falta de fuerza de voluntad, sino a una reacción natural del cuerpo frente a cambios bruscos en la alimentación.
La especialista explicó que las dietas muy estrictas hacen que el organismo entre en una especie de “modo alerta”. Eso hace que el metabolismo se vuelva más lento para ahorrar energía y, al mismo tiempo, aumenta el hambre. Todo esto ocurre como una forma de defensa del cuerpo, que busca recuperar el peso perdido y volver a su estado anterior.
Pero el problema no se limita solo a las dietas, ya que muchas veces las personas siguen un plan por un tiempo determinado, logran bajar de peso, pero no trabajan en sus hábitos, ocasionando que, al terminar la dieta, regresen a su forma de comer anterior, lo que facilita la recuperación del peso.
Además, después de dejar una dieta estricta, el cuerpo queda más predispuesto a acumular grasa. A esto se suma un aumento del apetito, que es completamente normal. El inconveniente aparece cuando no hay acompañamiento profesional, ya que la persona puede volver a comer en exceso o de forma desordenada, acelerando el aumento de peso.
Entre los errores más comunes que favorecen el efecto rebote mencionó las dietas muy restrictivas, la eliminación innecesaria de grupos de alimentos, la búsqueda de resultados rápidos y la falta de trabajo en hábitos. También advirtió sobre el uso de medicamentos como semaglutida o tirzepatida sin supervisión profesional. Aunque pueden ser herramientas útiles en algunos casos, por sí solas no garantizan resultados duraderos si no se acompañan de cambios reales en el estilo de vida.
La nutricionista destacó que el efecto rebote no afecta a todas las personas de la misma manera. Factores como el metabolismo, la cantidad de masa muscular, las hormonas, el nivel de estrés y los hábitos diarios influyen directamente en este proceso. No obstante, advirtió que cuanto más estricta haya sido la dieta, mayor es la probabilidad de recuperar el peso perdido.
Para evitar el efecto rebote, la clave está en cambiar el enfoque. “No se trata de hacer dieta por un tiempo, sino de aprender a alimentarse de una forma que se pueda sostener a lo largo de la vida”, explicó. En ese sentido, recomendó trabajar en hábitos reales, evitar pasar hambre, cuidar la masa muscular y adaptar la alimentación a la rutina, gustos y necesidades de cada persona.
Gómez remarcó que la salud emocional cumple un rol fundamental. El estrés, la ansiedad, la falta de organización y la relación con la comida pueden influir tanto como la alimentación en sí. “Si estos aspectos no se trabajan, es muy difícil mantener los resultados en el tiempo”, concluyó.


