Muchas personas adultas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), sin diagnóstico en algunos casos son catalogadas como “haraganas”, “flojas” o poco comprometidas, sin saber que detrás de esas dificultades existe una condición neurobiológica que afecta la atención, la organización y la conducta, explicó la psicóloga Noelia Castillo.
Recibir un diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) en la adultez implica, en muchos casos, un proceso profundo de revisión personal. No se trata únicamente de ponerle nombre a ciertas dificultades, sino de comprender que muchos de los problemas que se vivieron a lo largo del tiempo tienen una explicación concreta. En ese sentido, la especialista Noelia Castillo explicó que este diagnóstico permite entender que los desafíos académicos, laborales, emocionales y vinculares tienen una base neurobiológica.
Desde la neuropsicología, el TDAH se define como una condición del neurodesarrollo que impacta principalmente en las funciones ejecutivas. Esto incluye la capacidad de organizar, planificar, regular la conducta y sostener la atención. Castillo explicó que cuando el diagnóstico llega tarde puede generar alivio, pero también una sensación de duelo por el tiempo transcurrido sin respuestas ni herramientas adecuadas.
Uno de los principales problemas es la interpretación errónea de los síntomas. Castillo explicó que muchas veces estas dificultades son vistas desde afuera como falta de responsabilidad o desinterés, mientras que a nivel personal se traducen en baja autoestima, autocrítica excesiva y sensación de fracaso. Además, estas características pueden afectar las relaciones interpersonales debido a olvidos frecuentes, dificultades para escuchar o problemas en la regulación emocional.
El estigma social también juega un papel determinante. Castillo mencionó que en contextos donde hay poco conocimiento sobre salud mental, “muchas personas evitan consultar por miedo a ser etiquetadas o a que sus dificultades no sean tomadas en serio”, agregó. Esto retrasa el acceso a evaluaciones adecuadas y tratamientos efectivos, e incluso puede llevar a que profesionales no especializados no identifiquen correctamente el trastorno.
Vivir sin diagnóstico implica, en muchos casos, años de frustración acumulada. Es frecuente que las personas desarrollen inseguridades, ansiedad, síntomas depresivos y una imagen negativa de sí mismas, ya que tienden a pensar que no se esfuerzan lo suficiente cuando en realidad enfrentan dificultades neurocognitivas reales.
El impacto del TDAH en la vida diaria es amplio. Se observan problemas para iniciar o finalizar tareas, dificultades en la organización, olvidos constantes, mala gestión del tiempo y tendencia a la procrastinación. Estas manifestaciones están directamente relacionadas con alteraciones en las funciones ejecutivas, fundamentales para el funcionamiento cotidiano.
En adultos, los síntomas suelen presentarse de manera particular, predominan la dificultad para mantener la atención, la desorganización persistente, la inquietud interna, la impulsividad y los problemas en la regulación emocional. La profesional de la salud mental destacó que, en muchos casos, el TDAH se asocia con cuadros de ansiedad o depresión, lo que puede complejizar su identificación.
En cuanto al tratamiento, el abordaje debe ser integral y adaptado a cada persona, puede incluir psicoeducación, intervenciones neuropsicológicas enfocadas en funciones ejecutivas, terapia cognitivo-conductual y, en algunos casos, tratamiento farmacológico indicado por especialistas
Existen estrategias concretas que pueden ayudar a mejorar el funcionamiento cotidiano, herramientas como agendas, recordatorios digitales, división de tareas en pasos pequeños, rutinas estructuradas y espacios con pocos distractores son útiles para organizarse mejor. El objetivo es fortalecer las funciones ejecutivas y promover una mayor autonomía en la vida diaria de las personas adultas no diagnosticadas.


