Sociedad

Hiperconectividad y dificultad para separar la vida laboral de la personal

En los últimos años, mantener un equilibrio entre el trabajo y la vida personal se volvió un desafío creciente para muchas personas. María José Segovia, psicóloga, explicó cómo afecta y cuáles son los factores centrales detrás de este fenómeno, que se intensifica con la hiperconectividad.

| Por La Tribuna
Paraguay tiene una cultura laboral de productividad y no del descanso. (Pavel Horak)

El uso permanente del teléfono celular como herramienta de trabajo hace que los límites entre el horario laboral y el tiempo personal se vuelvan cada vez más difusos. En la práctica, el dispositivo móvil funciona como una oficina portátil que permite responder mensajes, correos o resolver tareas en cualquier momento del día, incluso fuera del horario de trabajo.

A esto se suma una cultura laboral que valora la productividad constante y no el descanso “tekorei”. En ese contexto, muchas personas terminan asociando su valor personal con su capacidad de producir o rendir. Esta lógica puede llegar a generar la sensación de que descansar implica perder tiempo o ser menos eficiente, lo que refuerza la tendencia a permanecer conectados y disponibles de manera permanente.

La psicóloga resaltó que el desequilibrio entre trabajo y vida personal suele manifestarse a través de diferentes señales de alerta. Una de ellas es la dificultad para disfrutar de actividades de ocio que antes resultaban placenteras. También puede aparecer irritabilidad frente a demandas sociales simples, como reuniones con amigos o encuentros familiares. Otro síntoma frecuente es la fatiga cognitiva, que se expresa en problemas de concentración, olvidos frecuentes o dificultades para sostener una conversación con atención.

Con el tiempo, este desgaste puede derivar en aislamiento social, algunas personas comienzan a cancelar planes o a reducir sus actividades fuera del ámbito laboral porque sienten que toda su energía está destinada al trabajo.

La profesional advirtió que tanto el trabajo como las relaciones sociales cumplen funciones fundamentales en la vida de las personas. El trabajo aporta estructura, objetivos y una sensación de propósito, mientras que los vínculos personales brindan pertenencia, apoyo afectivo y espacios de descanso emocional. Cuando la vida queda concentrada exclusivamente en el trabajo, el sistema de recompensa del cerebro puede agotarse, lo que incrementa el riesgo de problemas como ansiedad, depresión o síndrome de burnout (agotamiento).

A largo plazo, la falta de equilibrio puede derivar en un agotamiento profundo, acompañado de sentimientos de frustración o resentimiento hacia el propio empleo. Además, el exceso de trabajo sostenido en el tiempo suele deteriorar las relaciones familiares, las amistades y otros vínculos significativos.

Frente a este escenario, la especialista en salud mental recomendó desarrollar una mayor conciencia sobre la forma en que se organiza el tiempo. No se trata solo de planificar tareas laborales, sino también de reservar de manera explícita espacios para actividades personales, como el ejercicio físico, el descanso o los encuentros con familiares y amigos. Cuando estas actividades no se incluyen en la agenda es más probable que queden desplazadas por las demandas del trabajo.

Reconocer los propios límites y priorizar aquello que tiene mayor valor personal permite manejar mejor la frustración y reducir la sobreexigencia.

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