La soledad en los adultos mayores puede llegar a ser una sensación subjetiva que puede surgir incluso cuando la persona está rodeada de familiares o personas cercanas.
La psicóloga Stella Agüero explicó que este sentimiento suele estar vinculado a la percepción de que uno ya no es útil o no forma parte de las decisiones y del entorno social.
En cualquier etapa de la vida, pero aún más en momentos de vulnerabilidad, la soledad puede ser un factor detonante para diagnósticos como la depresión. En los adultos mayores tiene cierto tipo de características. Según la especialista Stella Agüero, muchas veces está asociado con la sensación de no tener un vínculo significativo o la creencia de que no cumple un rol importante en la vida de los demás, ni en la sociedad en general.
Incluso estando rodeados de familiares un adulto mayor puede sentirse solo, esto puede ocurrir cuando percibe que no está incluido en las conversaciones, no importa su opinión, no se siente escuchado. Estas experiencias, según Agüero, pueden reforzar la idea de que ya no es útil o representa una carga para su entorno. El sentimiento de soledad también puede estar influenciado por diferentes etapas de la vida, como la jubilación, pérdida de seres queridos, cambios de rutina, problemas de salud y mudanzas, que pueden modificar la dinámica cotidiana y generar una sensación de aislamiento.
En el plano emocional según la psicología, la soledad puede manifestarse a través de tristeza, irritabilidad, desánimo o falta de motivación. Cuando este sentimiento se prolonga en el tiempo, puede aumentar la vulnerabilidad emocional y derivar en estados asociados a la depresión o a la ansiedad. Algunas personas también pueden experimentar preocupaciones constantes sobre su futuro, como quién se va a hacer responsable de su cuidado en caso de enfermedad.
La percepción de no ser escuchado o valorado también puede afectar la motivación para relacionarse con los demás. Cuando el adulto mayor siente que su opinión no es tomada en cuenta o que lo que dice no genera interés puede disminuir su deseo de participar en encuentros familiares o actividades sociales. “Lo que, con el tiempo, puede provocar que la persona se aísle progresivamente y reduzca su contacto con el entorno”, agregó Agüero.
En cuanto a las alertas que se pueden detectar, existen señales que pueden alertar a la familia sobre este proceso. El aislamiento progresivo, la falta de interés en participar en reuniones o comentarios como “soy una carga” o “no quiero molestar” pueden reflejar un malestar emocional. También puede llamar la atención cuando la persona deja de realizar actividades que antes disfrutaba, como ver televisión, cuidar plantas o compartir con su mascota.
Ante estas situaciones, el papel de la familia es considerado fundamental, ya que genera espacios de conversación, escuchar con atención, incluir al adulto mayor en las decisiones familiares y valorar su experiencia de vida puede contribuir a fortalecer su sentido de pertenencia. Pequeños gestos cotidianos, como compartir una comida o dedicar tiempo a conversar, pueden tener un impacto significativo en su bienestar emocional.
Además del acompañamiento familiar, participar en grupos sociales o actividades recreativas puede ayudar a mantener vínculos y evitar el aislamiento. Existen grupos de adultos mayores que promueven encuentros, actividades culturales y espacios de diálogo, donde las personas pueden compartir experiencias y mantenerse activas.
La psicóloga Stella Agüero señaló que la vejez no debería ser entendida como una etapa de aislamiento. La presencia de la familia, la escucha, la paciencia y la creación de espacios de participación son elementos clave para que los adultos mayores se sientan valorados y continúen formando parte activa de la vida social y familiar.
Resaltan que la ayuda no es solo material
En el hogar de ancianos La Piedad trabajan para acompañar a los adultos mayores en un proceso de reencuentro personal. Desde la institución explican que la idea es acompañar a los adultos mayores en un proceso de reencuentro personal. “Que ellos mismos se encuentren de vuelta a sí mismos, que aprendan a amarse en esta etapa de vida”, señalan. En un momento marcado por la soledad o la distancia familiar, reforzar la autoestima y el sentido de propósito resulta fundamental.

Más allá de la asistencia material, el personal y los voluntarios remarcan que la compañía es el gesto más valorado por los residentes. Para muchos, el simple acto de conversar, relatar sus vivencias y sentirse escuchados transforma su realidad cotidiana. “Brindarles un poco de tiempo es vital”, destacan desde el hogar, subrayando que la presencia humana y la escucha activa marcan una diferencia profunda en su bienestar emocional.
No obstante, para sostener este cuidado integral, la institución enfrenta desafíos logísticos constantes. Actualmente, el hogar requiere insumos básicos como pañales para adultos, productos de limpieza (lavandina, detergente, desodorante de ambiente) y jabón de baño. Estos aportes son los que garantizan condiciones de vida dignas para quienes residen en el lugar.
Quienes deseen colaborar o coordinar visitas pueden comunicarse al (0982) 406-361 vía WhatsApp o al (021) 290-128. En La Piedad, el amor también se expresa en los pequeños gestos que devuelven sentido y compañía a quienes más lo necesitan.


