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Del barrio a España: el poeta paraguayo que conquista España a ritmo de rap

Alexis David, conocido artísticamente como Di Ei, consolida una propuesta musical que trasciende fronteras. El artista paraguayo, que hoy desarrolla …

| Por La Tribuna
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Alexis David, conocido artísticamente como Di Ei, consolida una propuesta musical que trasciende fronteras. El artista paraguayo, que hoy desarrolla su carrera en España, fusiona rap, fe y vivencias personales para narrar historias que conectan con quienes viven lejos de casa y encuentran en la música un reflejo de sus propias emociones.

Desde la infancia, la palabra fue su primer escenario. Alexis David aprendió a leer y escribir a los cuatro años, etapa en la que comenzó a crear historias y textos que con el tiempo se transformarían en poesía. Mucho antes de conocer el rap, ya encontraba en la escritura una forma de comprender y expresar el mundo que lo rodeaba.

El punto de inflexión llegó gracias a su familia, una playlist de rap cristiano que su hermano llevó a casa despertó en él una curiosidad profunda. En aquellas canciones descubrió que las letras podían transmitir mensajes, emociones y realidades con una fuerza que lo marcó desde pequeño. A partir de entonces comenzó a escribir lo que sentía, primero en silencio y luego acompañado por instrumentales de rap que encontró con la llegada de internet.

La improvisación se convirtió en un ejercicio cotidiano. Empezó dentro de casa junto a su hermano y luego se extendió al barrio, donde otros jóvenes compartían la misma pasión por rimar y contar historias. Con el tiempo surgieron encuentros y pequeños eventos que permitieron el intercambio de estilos y el crecimiento de una escena que comenzaba a tomar forma.

La identidad musical de Di Ei se construyó como una mezcla de influencias familiares. De su padre heredó el gusto por el bolero, la polca y la guarania; de su madre, la música cristiana; de su hermana, las baladas románticas. El rap, en cambio, llegó de la mano de su hermano y se convirtió en el lenguaje que mejor traducía su forma de narrar la realidad.

Entre sus referentes internacionales menciona a Vico C, Aldo el Aldeano, Nach y Zpu, artistas que utilizan el rap como herramienta narrativa. En Paraguay reconoce como figura clave a su hermano Jorwel MC, además de recordar a raperos con quienes compartió sus primeros pasos dentro de la escena local.

Con los años, su música comenzó a circular en redes sociales y su nombre empezó a cruzar fronteras. Ese proceso lo llevó finalmente a España, país que había marcado muchas de sus influencias musicales. Allí también consolidó su relación con Gema Tomás, hoy su esposa y compañera de vida, con quien comparte la pasión por la música. Su vínculo quedó plasmado en la canción Hilo Rojo, una obra que simboliza la conexión que los mantuvo unidos más allá de la distancia.

Instalarse en Europa también significó entrar en contacto directo con una de las escenas más fuertes del rap en español. Actualmente trabaja junto al productor Sirian, de Alcoy, con quien desarrolla proyectos que mezclan el sonido del hip hop español con su identidad paraguaya. En esa fusión aparecen su acento, sus expresiones y las vivencias que forman parte de su historia.

La distancia con Paraguay también dejó huella en su escritura. La nostalgia por su tierra aparece de manera natural en sus canciones, convirtiéndose en un puente con quienes viven experiencias similares lejos de su país.

Cuando compone temas como Alta Gama o Paraguay Worldwide, la inspiración puede nacer de distintas formas. A veces surge primero una idea o una frase; otras, una instrumental despierta la emoción necesaria para construir la historia que quiere contar.

Di Ei define su arte a partir de tres pilares: ritmo, actitud y poesía. Para él, la música es un equilibrio entre esas dimensiones, sostenido por la constancia y la dedicación.

Tras recorrer un camino que une Paraguay con España, el artista tiene claro el mensaje que quiere transmitir a los nuevos talentos. Cree que el talento necesita disciplina y compromiso, y que la música debe utilizar la palabra para construir y transmitir contenido con propósito.

“Mientras haya vida, hay esperanza”, afirma. Una frase que resume su recorrido y su forma de entender el arte como una manera de transformar experiencias personales en historias capaces de viajar mucho más allá de las fronteras.

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