El tabaquismo también deja huellas visibles en la piel, además de acelerar el envejecimiento cutáneo puede afectar la cicatrización, alterar la pigmentación y agravar distintas afecciones dermatológicas. Según explicó la dermatóloga Marian Estigarribia, después de la radiación ultravioleta el tabaco se posiciona como el segundo factor extrínseco más importante que acelera el envejecimiento cutáneo y deteriora la salud de la piel.
La especialista señaló que el humo del tabaco contiene muchas sustancias químicas y radicales libres que generan un fuerte estrés oxidativo en el organismo. Este proceso afecta directamente al colágeno y la elastina, proteínas responsables de mantener la firmeza y la elasticidad de la piel. En las personas fumadoras estos componentes disminuyen, lo que ocasiona la aparición temprana de arrugas y pérdida de tonicidad.
Además, la nicotina produce vasoconstricción, es decir, una reducción del calibre de los vasos sanguíneos. Manifestó que esto provoca una menor oxigenación de los tejidos, lo que hace que la piel luzca opaca, con tonalidades grisáceas o amarillentas y con alteraciones en la pigmentación. Uno de los signos más visibles del llamado “rostro del fumador” son las arrugas profundas alrededor de los labios, causadas por el gesto repetitivo al fumar. También son frecuentes las patas de gallo en el contorno de los ojos y la apariencia apagada de la piel.
Subrayó que el tabaquismo también afecta la cicatrización de las heridas y puede alterar el proceso de recuperación tras cirugías o procedimientos dermatológicos. Por esta razón, los especialistas recomiendan dejar de fumar al menos un mes antes de someterse a una intervención quirúrgica.
El impacto del tabaco no solo ocasiona el envejecimiento cutáneo. Estigarribia explicó que fumar puede empeorar enfermedades dermatológicas preexistentes como el acné, la rosácea o la dermatitis atópica. También existe una fuerte relación con la psoriasis, enfermedad que suele presentarse con mayor frecuencia y es peor respuesta al tratamiento en pacientes fumadores.
Otra patología asociada al tabaquismo es la hidradenitis supurativa, una afección inflamatoria que afecta principalmente las glándulas sudoríparas y genera lesiones dolorosas en zonas como las axilas, los glúteos o el área interglútea, como también puede producir coloración amarillenta en las uñas, aumentar la caída del cabello y favorecer la aparición de canas debido a la microinflamación que genera en los folículos capilares. La dermatóloga advirtió que el daño del tabaco también aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de piel y lesiones malignas en los labios o la mucosa oral, ya que las toxinas del humo pueden provocar alteraciones en el ADN celular.
Aunque una rutina de cuidado facial puede ayudar a mantener la piel en mejores condiciones, la especialista aclaró que sus efectos son menos notables en personas fumadoras. Sin embargo, dejar de fumar puede generar mejoras importantes. Con el abandono del hábito, disminuye el estrés oxidativo y mejora la oxigenación de la piel, lo que contribuye a recuperar parte de su calidad y aspecto saludable.
Estigarribia advirtió que dispositivos como el vape también pueden tener efectos similares, ya que contienen nicotina y liberan sustancias que generan radicales libres. “Más allá de la estética, el tabaquismo es un problema de salud que afecta a todo el organismo, y la piel no es la excepción”, concluyó.


