El cloro, que mayormente se usa para desinfectar las piscinas, puede afectar nuestra piel si tenemos contacto frecuente con él. Aunque ayuda a mantener el agua limpia, su acción química puede alterar la protección natural de la piel, quitarle humedad y causar molestias.
Cuando la piel está expuesta al cloro, según especialistas pueden ocurrir varias cosas: se debilita su barrera natural, se pierde más agua de lo normal, puede aparecer irritación directa y se alteran los microorganismos que ayudan a mantener la piel sana. Todo esto puede hacer que la piel se vea y se sienta diferente.
Los efectos más comunes incluyen piel seca, picazón, enrojecimiento, sensación de tirantez y dermatitis leve. Estos problemas suelen aparecer más en niños, personas que nadan seguido o quienes ya tienen problemas de piel. Además, el cloro puede empeorar condiciones como la dermatitis atópica o seborreica, causar irritación en los pliegues de la piel y molestar en zonas con lesiones o piel sensible.
Para cuidar la piel, recomiendan ducharse al salir de la piscina, usar jabones suaves que no dañen la piel, aplicar crema hidratante después de nadar, evitar permanecer demasiado tiempo dentro del agua y consultar a un dermatólogo si se presentan síntomas de irritación o dolor.
Con simples cuidados antes y después de nadar o de estar en la piscina, como limpiar e hidratar la piel, se puede disfrutar los días de piscina sin dañar la piel. La prevención es la clave para mantenerla saludable, suave y libre de molestias.


