Sociedad

De Paraguay a Barcelona: 15 años de trabajo sin soltar el guaraní

En Barcelona, entre conversaciones en catalán y clientes de múltiples nacionalidades, el guaraní sigue sonando con naturalidad. En medio de la rutina…

| Por La Tribuna
“Tall Bona Carnisser” está ubicada en Barcelona.

En Barcelona, entre conversaciones en catalán y clientes de múltiples nacionalidades, el guaraní sigue sonando con naturalidad. En medio de la rutina europea, el tereré y el mate acompañan las jornadas laborales en “Tall Bona Carnisser”, una carnicería con nombre catalán y corazón paraguayo.

Carmen Elizabeth Cano González, oriunda de Yataity del Norte, departamento de San Pedro, llegó a España con 18 años. Hoy, quince años después, lidera junto a su familia un emprendimiento propio. Su historia refleja algo que caracteriza a muchos compatriotas en el exterior: la capacidad de adaptarse a una nueva cultura sin desprenderse de la propia.

La decisión de migrar estuvo marcada por la familia. Sus padres ya estaban en Barcelona y ella eligió reunirse con ellos. Con el tiempo también se instalaron sus hermanos, volvieron a ser núcleo, pero en otro continente. Aprendieron nuevas dinámicas, nuevas normas y una nueva lengua, aunque en casa, y también en el trabajo, el guaraní nunca dejó de ser el idioma cotidiano.

Los primeros meses exigieron determinación. A los 15 días de llegar ya trabajaba en limpieza y cuidado de niños. No hubo espacio para la duda. Cada empleo fue una escuela de responsabilidad, disciplina y trato humano, entendió que empezar desde abajo no es retroceder, sino construir base.

Con los años, la idea de emprender tomó forma. Su pareja, Fabio Ariel Resquín, acumuló experiencia en el rubro de la carnicería y, tras más de una década de ahorro y planificación, en 2023 abrieron el local propio. El proyecto fue el resultado de constancia y visión compartida.

“Tall Bona Carnisser” ofrece productos paraguayos, carne importada a través de proveedores especializados y chorizo criollo de elaboración propia. Adaptan cortes según la tradición de cada cliente, en una ciudad donde conviven culturas diversas. La propuesta es inclusiva, pero con identidad definida.

El local recibe tanto a paraguayos como a españoles y extranjeros. Los compatriotas encontraron allí un espacio familiar, donde no solo compran carne para el asado, sino también comparten palabras en guaraní y recuerdos de casa. Los clientes catalanes, por su parte, valoran la calidad y el servicio.

Aunque plenamente integrados a la sociedad catalana, la familia conserva sus costumbres. El tereré y el mate forman parte de la rutina diaria, incluso en horario laboral. No se trata de resistencia cultural, sino de convivencia natural entre dos mundos.

El camino no estuvo libre de dificultades, el desafío económico fue el más duro. Apostaron todo al proyecto y el primer año puso a prueba su determinación. Persistieron, y la estabilidad llegó con trabajo sostenido y administración cuidadosa.

Hoy, el emprendimiento representa seguridad y futuro para su hija. Construir algo propio en el exterior es motivo de orgullo, pero también de compromiso.

Carmen sostiene que emigrar exige esfuerzo real. No idealiza el proceso; sin embargo, cree que la fortaleza del paraguayo radica en su capacidad de adaptarse sin perder identidad. En Barcelona, entre catalán y guaraní, su historia confirma que las raíces no se sueltan; se transforman y crecen, incluso lejos de la tierra que las vio nacer.

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