La merienda escolar cumple un rol clave en la alimentación de los niños en etapa de escolaridad, ya que según profesionales de la nutrición influye en la energía, la concentración y la regulación metabólica durante la jornada académica.
Cuando los niños pasan al menos cinco días a la semana en las instituciones educativas, lo que consumen en ese espacio no solo calma el hambre, sino que impacta directamente en su rendimiento y salud. Desde el punto de vista nutricional, un merendero equilibrado debe combinar tres grupos de alimentos, proteínas, energéticos de calidad y reguladores.
Las proteínas, que deben estar presentes son el yogur natural o griego, queso en cubitos, huevo duro, legumbres en forma de humus, mantequilla de maní natural o nuggets caseros, que favorecen el crecimiento, la reparación celular y la saciedad, además de ayudar a evitar picos de glucosa. Los energéticos de calidad, como pan de masa madre, avena, galletitas caseras, muffins de banana, nachos sin sal, chipitas, mbeju, aguacate, frutos secos o choclo, aportan energía sostenida cuando se combinan con fibra y proteína.
A su vez, frutas y vegetales como mandarina, manzana, frutillas, uvas, zanahoria o tomates cherry aportan vitaminas y minerales fundamentales para la inmunidad y el desarrollo cognitivo, por lo que se recomienda incluir al menos una porción diaria.
Los especialistas explicaron que entre los errores frecuentes se encuentran el envío habitual de jugos industrializados, el exceso de productos ultraprocesados, la falta de alimentos constructores y el alto consumo de azúcar añadida. Las bebidas azucaradas, incluso aquellas percibidas como naturales, pueden contener cantidades elevadas de azúcar libre, lo que aumenta el riesgo de obesidad infantil y alteraciones metabólicas.


