La hendidura lateral en la cadera, conocida en redes sociales como hip dips, se convirtió en uno de los rasgos corporales más cuestionados en la estética femenina actual. Sin embargo, lejos de tratarse de un defecto o de una señal de “falta de entrenamiento”, responde a una característica anatómica natural. Así lo explicó Milena Ayala, nutricionista deportiva y entrenadora, quien aclaró que el ejercicio moldea el músculo, pero no reestructura el esqueleto.
Los hip dips son una leve depresión que se forma entre el hueso ilíaco de la pelvis y el trocánter mayor del fémur. “No es una deformidad ni algo anormal. Es simplemente la forma en que está construida la cadera”, señaló. Pueden verse tanto en mujeres sedentarias como en mujeres con rutinas intensas, e incluso suelen notarse más en quienes tienen bajo porcentaje graso, ya que la transición ósea queda más visible.
Consultada sobre si se deben a falta de ejercicio o acumulación de grasa, fue categórica. “Es un mito. No se deben necesariamente ni a sedentarismo ni a exceso de grasa. Las redes sociales instalaron la idea de que es un defecto que hay que corregir, cuando en realidad es una característica anatómica muy común”, afirmó. La genética y la estructura ósea, como la anchura de la pelvis y la forma del fémur, tienen un peso determinante en esta zona.
En cuanto al entrenamiento, explicó que el trabajo de fuerza enfocado en glúteo mayor y glúteo medio puede generar mayor volumen en la parte lateral de la cadera. Ejercicios como hip thrust, abducciones, patadas en polea, sentadilla búlgara y peso muerto ayudan a desarrollar masa muscular. “Visualmente puede verse una transición más rellena, pero no desaparece la estructura ósea. Lo que cambia es la proporción y la armonía muscular”, precisó.
Por eso, incluso mujeres físicamente activas mantienen esta hendidura. “Entrenar no modifica la forma del hueso. Podés tener un glúteo fuerte y desarrollado y aún así tener hip dips. Eso no significa que el entrenamiento esté mal hecho, sino que responde a tu anatomía”, sostuvo.
Entre los errores más frecuentes mencionó el sobreentrenamiento sin respetar la recuperación, el déficit calórico extremo con la idea de que menos grasa implica menos hip dips y la copia de rutinas de redes sin planificación ni progresión. Sin una base de fuerza, sobrecarga progresiva y una nutrición adecuada, especialmente suficiente proteína, no hay desarrollo muscular sostenible.
Desde su experiencia, advirtió que los estándares estéticos actuales influyen de manera directa en la relación que muchas mujeres tienen con su cuerpo. “Se generan tendencias corporales. Primero fue la delgadez extrema, luego el cuerpo fitness y ahora la obsesión por curvas específicas sin imperfecciones. Eso hace que muchas entrenen desde la inseguridad y no desde el autocuidado”, reflexionó.
“Entrenar debería ser una herramienta para sentirnos fuertes, no para luchar contra nuestra genética. No todo lo que es natural necesita ser corregido”, subrayó. Para Ayala, el acompañamiento profesional de un nutricionista y un entrenador personal puede hacer el proceso más saludable, ayudando a entender la propia biología y a construir objetivos centrados en fuerza, rendimiento y bienestar antes que en una zona específica del cuerpo.



