El fenómeno conocido como “Therians” o therianthropía moderna describe a personas que sienten una conexión profunda o una identidad parcial con un animal no humano. Según explicó el Dr. Mauricio Acosta, psiquiatra infantojuvenil del IPS, no se trata de creer que se es físicamente un animal, sino de una vivencia que ocurre en el plano identitario, simbólico o emocional.
“En la mayoría de los casos no hay pérdida de la realidad. Es una experiencia interna que puede estar vinculada a la construcción de identidad o a la regulación emocional”, señaló el especialista. Algunos jóvenes describen que su forma de sentir o reaccionar se asemeja a la de un lobo, un gato o un zorro. Estas vivencias pueden ser psicológicas, espirituales o sensoriales, pero no constituyen un diagnóstico psiquiátrico.
Desde la mirada clínica, solo requiere intervención cuando existe pérdida del juicio de realidad, aislamiento severo, abandono escolar o malestar significativo. “No implica automáticamente patología”, aclaró Acosta, quien advirtió que el mayor riesgo suele ser la reacción de los adultos ante la situación.
Invalidar o ridiculizar la experiencia puede romper la confianza con el adolescente. La recomendación profesional es escuchar sin juzgar, explorar qué simboliza ese animal y evaluar si interfiere en la vida cotidiana. El fenómeno, principalmente visible en redes sociales, se inscribe dentro de nuevas formas de exploración identitaria propias de la adolescencia. El acompañamiento informado, más que la confrontación, es la clave para abordar estos casos.
El desafío no está en patologizar de inmediato, sino en diferenciar entre exploración identitaria y situaciones que requieren intervención. En ese equilibrio, el acompañamiento informado se convierte en la herramienta principal para sostener a adolescentes que buscan, como en toda etapa de crecimiento, un lugar desde donde nombrarse.


