La estética del encuentro estuvo acompañada por el clima cálido de la jornada, con una elección de prendas frescas y cómodas. Entre los asistentes predominaron los tonos blancos y otros colores clásicos de la temporada, además de pantalones de lino, faldas y remeras de algodón, y que en cuanto a las texturas livianas y los cortes relajados aportaron una imagen natural y sencilla, acorde con el carácter tranquilo de la propuesta.
A diferencia de un recital tradicional, La Mesa de Rodas propuso colocar una mesa en el centro de la velada y convertirla en el punto de encuentro entre el artista y los presentes. Alrededor de ella, Mauri Rodas comparte sus composiciones, historias y vivencias con una audiencia reducida, recuperando una forma más cercana de disfrutar la música.

