En sintonía con el ambiente relajado y cultural, la estética de los asistentes se caracterizó por la comodidad y la simplicidad. Predominaron los estilos urbanos compuestos por jeans, prendas en tonos blancos y botas, junto con atuendos abrigados que se adaptaron perfectamente a la jornada. Esta línea visual mantuvo una coherencia con la propuesta del evento: un espacio de disfrute genuino y sin pretensiones.
Además de las ferias de discos, la propuesta incluyó música en vivo y un sector gastronómico variado, permitiendo que el público recorriera el muelle en un entorno accesible y familiar. La actividad fue declarada de interés cultural por la Secretaría Nacional de Cultura, consolidándose como una plataforma esencial para el encuentro ciudadano y la revalorización del patrimonio histórico de la capital.
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