Gonzalo Marroquín Godoy
En América Latina hay unas pocas decenas de periódicos “centenarios” –con más de cien años de circulación– y uno de ellos es La Tribuna de Paraguay, un diario que ha mostrado una resiliencia impresionante y superado momentos críticos, como los vividos durante la dictadura de Alfredo Stroessner, cuando sufrió persecuciones, censura y presiones económicas, simplemente por defender su postura independiente y formular las críticas que el periodismo siempre debe plantear con valentía.
Eso le valió en los años 80 el cierre temporal por las presiones económicas que le llevaron a una insostenibilidad financiera. Sin embargo, volvió a la vida y retomó su caminar, para ser parte de una sociedad cada vez más ansiosa y necesitada de saber y entender lo que sucede en su entorno.
En el presente siglo irrumpió de lleno la era digital y, como marcaba la tendencia, La Tribuna se convirtió también en un diario digital. Con sus dos versiones –papel y web–, enfrentó la era de cambios hasta sucumbir y verse obligada por las circunstancias a cerrar el periódico impreso. Duro golpe para el periodismo paraguayo y para sus lectores.
Pero aquel periódico, fundado en 1925, pasó por una transición de periodismo político a ejercer un periodismo de compromiso social y centrado en sus lectores, con un ADN que explica su capacidad de sobrevivencia e incluso de superación: la voluntad de informar, esa que ha mantenido a lo largo de sus más de cien años de existencia.
Hace ya casi un año, bajo una nueva administración y propiedad, La Tribuna hizo lo que podría parecer una locura. Haciendo lo contrario a lo que marca la tendencia, volvió a imprimir el periódico, ese que ahora mismo los paraguayos pueden tener en sus manos, y lo hizo con una visión clara y decidida: ser parte de las fibras del país, trasladando el poder de la información a manos de sus lectores, esta vez con la fuerza de la palabra impresa en papel y por la vía digital. Dos canales de información para una misma voz.
En lo personal, me involucré como columnista de La Tribuna hace pocos meses, lo que me ha facilitado conocer las interioridades de este prestigioso medio. El intercambio de puntos de vista con sus propietarios y ejecutivos ha sido enriquecedor. El grupo periodístico quiere dejar una huella positiva y está dispuesto a fortalecer el ejercicio periodístico en Paraguay de forma independiente, pero comprometido al mismo tiempo.
Sí. Veo que el compromiso que ha adquirido la administración y el grupo de profesionales que integran su equipo es claro. El deseo de defender los principios y valores democráticos marca la línea editorial y el compromiso con la búsqueda de la verdad es una tarea a la que se le quiere dar prioridad.
Recientemente, el diario ha ingresado a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en donde se quiere compartir experiencias y ser parte de una entidad que defiende el derecho a la información de los pueblos, la libertad de expresión en su más amplio concepto y promueve un ejercicio de periodismo independiente, serio y profesional.
El mayor desafío de los diarios en la era de la “desinformación” es el de trasladar información con independencia. Se trata de tener credibilidad ante los lectores, a quienes obligatoriamente hay que poner en primer lugar. Un periódico que sirve a sus lectores sirve a su país, sirve a la democracia y, necesariamente, sirve al fortalecimiento de las libertades individuales y colectivas de la sociedad.
Ahora mismo en Paraguay, como en el resto del mundo, se vive una auténtica paradoja: por un lado, estamos en lo que en su momento se llamó “la era de la información”, porque la ciudadanía tiene más acceso que nunca a las noticias, pero que, por el mal uso que se le ha dado a las redes sociales, se ha transformado en la “era de la desinformación”.
Esta es la mala noticia. La buena noticia es que hoy, más que nunca, son necesarios y respetados los medios que informan cotidianamente con credibilidad. Para tener esa credibilidad hay que hacer un buen periodismo y un mejor periodismo cada día.
Los optimistas del periodismo creen que esa era digital terminará abriendo espacios para la vuelta con energía de los medios impresos. Algunos le llaman el “efecto de fatiga de pantalla”. Yo, debo reconocerlo con honestidad, veo complicado ese escenario, pero sí confío en que lograrán sobrevivir al embate digital y de las redes sociales aquellos diarios que tengan en su ADN la voluntad de informar, porque serán, de una u otra manera, los medios que se conviertan en referencia para combatir la desinformación engañosa y malintencionada de las redes sociales.
Si La Tribuna mantiene su línea editorial independiente, si hace más y mejor periodismo –¡del puro!–, habrá vida para otros cien años. Tener credibilidad es la referencia y el ADN corre por sus venas.

