La fragilidad de la unidad opositora

Por José Cardozo

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El PLRA llega dividido a las elecciones partidarias. Foto: LN.

El encuentro del miércoles pasado entre referentes de partidos y movimientos de la oposición abrió un nuevo capítulo en la larga marcha hacia las elecciones generales de 2028. La convocatoria para el 9 de noviembre, donde se prevé la firma de un compromiso de unidad, busca sentar las bases de una plataforma común que trascienda la mera coincidencia electoral y se transforme en un programa de gobierno consensuado.

Sin embargo, el entusiasmo inicial choca de frente con la histórica fragmentación interna de estos sectores. Un terreno minado por proyectos personales y la clásica resistencia a postergar candidaturas individuales en favor de figuras con mayor nivel de aceptación ciudadana.

En este complejo tablero, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) ocupa una posición tan estratégica como ambivalente. Es la estructura imprescindible para darle volumen territorial a cualquier alianza, pero, al mismo tiempo, representa el mayor foco de desconfianza para las demás fuerzas emergentes.

Ningún movimiento independiente ni partido menor posee la musculatura política del liberalismo. El PLRA aporta una red de apoderados, miembros de mesa y comités en los 263 distritos del país, además de la logística necesaria para cuidar los votos el día de los comicios y competir de igual a igual contra la maquinaria del Partido Colorado. Sin esa ingeniería de base, cualquier proyecto opositor nace debilitado.

El problema radica en las pretensiones de liderazgo. Sectores de la conducción liberal reclaman encabezar la chapa presidencial bajo el argumento de representar el piso histórico de más del 30% del electorado. No obstante, esta postura genera fricciones en los grupos independientes y de izquierda, quienes advierten que una candidatura puramente liberal o desgastada difícilmente logre convocar al electorado no alineado.

El dilema para el PLRA será decidir si se atrinchera en el discurso de la historia y aparato nacional o si demuestra la madurez de integrar una fórmula liderada por una figura de consenso.

La historia reciente demuestra que limitar la convergencia al simple rechazo al Partido Colorado resulta un argumento insuficiente para garantizar la fortaleza de una coalición.

El desafío de este proceso no se agota en la firma del documento anunciado. Los sectores que se mantengan y apuesten a una concertación, deberán demostrar la suficiente apertura política para administrar las diferencias internas y sostener un esquema de acción coordinado en el tiempo.

Finalmente, la viabilidad de una alternativa opositora real para el 2028 no dependerá de la foto del acuerdo, sino de la capacidad política para definir un rumbo económico, social e institucional común que le ofrezca certidumbre a la ciudadanía.

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