Entre el 2013 y el 2023 la informalidad laboral descendió lentamente de cerca del 70% a alrededor del 66-67%, con una reducción adicional modesta en el 2024-2025. El período de mayor dinamismo coincidió con el crecimiento sostenido del PIB y con medidas de simplificación, pero el avance se desaceleró.
Los datos del INE y del BCP muestran que cada punto adicional de crecimiento del PIB se asocia con una reducción de la informalidad de entre 0,4 y 0,8 puntos. La elasticidad es baja. El dividendo de formalización del ciclo expansivo anterior se agotó porque el precio relativo de entrar al sistema no cambió de forma permanente. Hoy, a pesar del liderazgo regional en creación de empleo asalariado privado (+15,9% acumulado 2023-2025), la informalidad se mantiene como traba estructural.
El boom actual abre una ventana porque el mercado de trabajo está tensionado por la demanda. El crecimiento ayuda, pero no sustituye un cambio en el cálculo que enfrentan el trabajador y la empresa pequeña.
La serie es clara. Del 2010 al 2013 la tasa permaneció cerca del 70%. Entre el 2013 y el 2018 el descenso fue más visible. Del 2019 al 2023 se frenó y se estabilizó en 66-67%. En el 2024-2025 la mejora fue marginal.
El stock de más de 1,5 millones de ocupados sin aportes o sin RUC apenas se movió. El trabajador enfrenta un costo inmediato de aportes contra un beneficio diferido e incierto. La empresa pequeña enfrenta costo no salarial y riesgo de inspección contra acceso limitado a crédito y contratos estables. Cuando ambos encuentran más barato permanecer fuera, el equilibrio se reproduce.
El crecimiento elevó la demanda y generó puestos. Esos puestos se repartieron según las mismas reglas que sostienen el stock. En Guairá, Caaguazú y Paraguarí el costo fijo pesa más sobre márgenes estrechos. La movilidad hacia zonas de mayor densidad formal sigue siendo costosa porque el salario neto no siempre compensa traslado y pérdida de redes.
El boom reciente confirma el límite del crecimiento solo. Entre el 2023 y el 2025 el empleo asalariado privado creció 15,9%. La ocupación llegó a 3.297.188 personas, la tasa al 70,8% y la desocupación al 3,6%. El mercado está del lado de la demanda. Sin embargo, la informalidad sigue en 67-68%. Siete de cada diez ocupados permanecen fuera.
El trabajador compara el neto formal con el ingreso sin descuentos. La empresa compara el costo de cumplir con el retorno de hacerlo. Si la diferencia no cierra, ambos eligen quedarse afuera. El resultado es alta creación de empleo y baja formalización neta. La elasticidad de 0,4 a 0,8 puntos por cada punto de PIB mide esa restricción. El crecimiento es necesario. No alcanza para mover el volumen acumulado cuando el precio en el margen no cambia.
La solución es alterar ese precio relativo ahora, mientras la demanda está tensionada. No se trata de esperar el próximo punto de expansión del PIB ni de ampliar discrecionalidad. Se trata de bajar el costo de entrar y subir el retorno verificable de hacerlo, de modo que la decisión privada de cruzar el umbral mejore.
La unificación de trámites de registro, aportes y habilitación en una sola ventana con plazo máximo de 48 horas convierte el tiempo en un costo medible y bajo en lugar de una variable discrecional. Una reducción temporal del costo no salarial en el margen para micro y pequeñas empresas durante los primeros veinticuatro meses de alta hace que el diferencial de ingreso neto favorezca la formalización en lugar de penalizarla.
La fiscalización selectiva por riesgo, en lugar de inspección uniforme, evita que quien cumple enfrente el mismo costo de revisión que quien opera fuera. El reconocimiento automático de historial de aportes y de contratos permite que el trabajador formal se mueva con menor riesgo para el empleador y que la empresa acceda a crédito sobre información verificable.
Este cambio de precios no sube tasas. Amplía la base por volumen porque más agentes deciden entrar cuando el cálculo privado mejora. El Estado recauda más con las mismas reglas porque el perímetro formal crece. El trabajador que cruza el umbral acumula historial que reduce el costo de su movilidad. La empresa del interior deja de tener el costo fijo como barrera absoluta y puede competir por financiamiento de mayor plazo.
El territorio empieza a generar empleo cuyo margen incentive permanecer dentro en lugar de depender solo del flujo macro. La serie 2010-2025 ya mostró el resultado de no alterar esos precios a tiempo: descenso lento mientras hubo crecimiento y simplificación parcial, estancamiento cuando el impulso se agotó.
Hoy la demanda tensionada hace que las empresas valoren más la retención. Si el costo de formalizar baja en el margen, parte de esa retención puede canalizarse a contratos formales. Si no baja, el empleo nuevo seguirá naciendo en la misma proporción. La ventana no es permanente. Actuar sobre el precio que enfrentan el trabajador y la empresa pequeña es la forma de que el liderazgo en creación de empleo se traduzca en reducción de la informalidad, y de que ambos dejen de pagar el costo de quedarse afuera.
El resultado se verifica en el tiempo medio de alta, en el diferencial de costo no salarial de los primeros veinticuatro meses, en la proporción de controles dirigidos por riesgo y en la movilidad de quienes tienen historial verificable. Si esos números no se mueven, el precio relativo no cambió y el stock seguirá intacto. Combinar el crecimiento con un costo de entrada más bajo y un retorno más claro es lo que convierte el flujo de empleo en formalidad permanente mientras la demanda permanece alta y el mercado está tensionado por el lado de la demanda de empleo formal y de mayor calidad.
(*) https://cesaraddario.com/ Economista, analista económico de La Tribuna y asesor económico del presidente de El Salvador, Nayib Bukele.

