La ANR atraviesa una etapa de reconfiguración profunda y acelerada que redefine los equilibrios internos hacia las elecciones generales del 2028. La hegemonía indiscutida sostenida por Honor Colorado y su conducción vertical experimentó una ruptura sin precedentes tras una sucesión de desencuentros.
El punto de inflexión se originó con el retiro formal del respaldo de Horacio Cartes a la candidatura presidencial de Pedro Alliana. La posterior designación de Juan Carlos Baruja como alternativa resultó efímera y la renuncia inmediata de este último a la postulación precipitó una determinación drástica por parte de Cartes, quien anunció formalmente que su movimiento se abstendrá de presentar chapa propia en los próximos comicios.
Este repliegue del líder abrió un escenario de dispersión. La mayoría de los legisladores y gobernadores optó por cerrar filas en torno a Pedro Alliana, propiciando el surgimiento de una especie de “oficialismo autónomo”.
Sin embargo, la pretensión del vicepresidente de definir a su compañero de fórmula a través de una encuesta generó fricciones tempranas en este bloque emergente. La apelación al mecanismo métrico, lejos de consolidar la cohesión interna, activó disputas territoriales entre dirigentes que demandan espacios de negociación, dejando un margen considerable de incertidumbre sobre cómo reaccionará la estructura una vez divulgados los números. Es casi seguro que una vez que se den a conocer los números, más de uno buscará nueva carpa.
En la vereda de la disidencia, el panorama no ofrece mayor claridad. Tras el impacto político derivado de la difusión de la fotografía entre Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez, no se registraron nuevos acercamientos formales. Aquel encuentro preliminar abrió conjeturas sobre pactos de gobernabilidad o treguas, pero la cumbre no tuvo segunda parte y todo quedó en suspenso y no sabemos si esta relación permanecerá abierta o volverá a su estado original, el de antes de la gráfica en cuestión que sin haber rozado la piel de muchos, generó una reacción cutánea en cadena.
En paralelo, los sectores críticos al oficialismo ensayan sus propios armados. La posibilidad de una chapa articulada entre Arnoldo Wiens y Luis Pettengill aparece como la opción más visible de la denominada “disidencia”, aunque todavía resta resolver el orden de prelación de la fórmula.
Esta alternativa convive con las aspiraciones vigentes de referentes de peso específico como la senadora Lilian Samaniego y el exvicepresidente Hugo Velázquez, quienes conservan capital electoral y estructuras de base. La eventual incorporación o marginación de estos actores obligará a rediscutir los consensos o derivará en una fragmentación de la oferta disidente.
La Asociación Nacional Republicana se encuentra así ante una dinámica de doble tensión. Un oficialismo bicéfalo que ensaya liderazgos sin la tutela orgánica de Cartes, y una disidencia obligada a capitalizar la desconcentración del poder sin caer en la dispersión de sus propios integrantes.
Mientras, el tiempo corre, los plazos se acortan y la incertidumbre aumenta.


