Cuando una máquina inspira confianza y la prensa debe recuperarla

Nahuel Ayala

| Por La Tribuna
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Cuando una máquina inspira confianza y la prensa debe recuperarla.

Hay algo curioso en nuestra relación con la tecnología. Desconfiamos de una noticia, cuestionamos al periodista que la firma y sospechamos de los intereses del medio que la publica. Sin embargo, cada vez resulta más natural conversar con una inteligencia artificial, pedirle consejos y aceptar sus respuestas como si estuviéramos hablando con alguien que nos conoce.

La situación plantea buscar una respuesta a lo que nos interpela, ¿cómo recuperar la confianza de las personas cuando una máquina puede ofrecerles atención inmediata, respuestas personalizadas y hasta la sensación de ser comprendidas?

Durante la 82ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Bogotá, se discutió sobre inteligencia artificial, credibilidad y relación con las audiencias. Entre las preocupaciones apareció un problema que merece mayor atención: están cambiando nuestros hábitos para informarnos y también la manera en que decidimos en quién confiar.

Una IA puede conversar durante horas, recordar nuestras preguntas y adaptar su lenguaje. Incluso cuando se equivoca, puede resultar convincente. Esa familiaridad facilita que aceptemos respuestas sin preguntarnos de dónde salió la información o quién responde por sus consecuencias.

El periodismo tiene, además, problemas propios. Durante años medimos nuestro trabajo contando publicaciones, reproducciones y clics. Producimos contenidos para alimentar plataformas y algoritmos, mientras perdíamos oportunidades de conocer mejor a quienes nos leen, escuchan o miran.

En uno de los talleres de la SIP, Gastón Roitberg, secretario de Redacción de La Nación de Argentina, defendió la necesidad de volver a las fuentes y fortalecer el trabajo periodístico original. Ron Suskind, ganador del Pulitzer, expuso las posibilidades que ofrece la IA para investigar grandes volúmenes de documentos, con la verificación humana como condición indispensable.

Estas experiencias dejan una tarea concreta para las redacciones: volver a escuchar a la gente. Saber qué preocupa a una familia, qué información necesita un trabajador para tomar decisiones o por qué tantos jóvenes encuentran más útil preguntarle a una máquina que consultar un diario.

En Paraguay, donde buena parte de la conversación pública gira alrededor de disputas políticas e intereses económicos, recuperar credibilidad exige coherencia. Investigar con igual rigor los hechos, independientemente de quién resulte favorecido o perjudicado. Reconocer errores, diferenciar información de opinión y mostrar las fuentes que sostienen nuestras publicaciones.

También necesitamos revisar qué entendemos por éxito. Una investigación que permite comprender un problema cotidiano puede aportar mucho más que cien publicaciones destinadas a conseguir reacciones. El alcance importa, pero debemos preguntarnos qué hacemos con la atención que recibimos.

La inteligencia artificial seguirá ganando espacio en nuestras vidas y en las redacciones. Podemos aprovecharla para investigar y trabajar mejor. La responsabilidad sobre lo publicado, sin embargo, seguirá teniendo nombre y apellido.

Cuando una máquina puede conversar como una persona, la prensa tiene una oportunidad para recuperar su lugar: ofrecer información que pueda comprobarse, escuchar a sus audiencias y responder públicamente por sus errores. La confianza se construye con ese trabajo cotidiano.

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