Un akapeté a la vergüenza

Christian Torres.

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Costanera

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que imaginar al Paraguay como sede de grandes acontecimientos internacionales parecía una fantasía. Éramos ese pequeño país al que el mundo apenas encontraba en el mapa. Hoy las cosas han cambiado. Los Juegos Suramericanos, los Panamericanos Junior, el Mundial de Rally y ahora los World Skate Games nos pusieron en una vidriera que jamás habíamos tenido. Y lo mejor es que dejamos de ser simples espectadores para convertirnos en protagonistas. ¡Quién lo hubiera dicho!

Nada de esto cayó del cielo. Detrás hubo años de trabajo, inversiones, negociaciones y una decisión política que merece reconocimiento. Santiago Peña ha tenido mucho que ver con esta nueva proyección internacional. Al Presidente le dijeron de todo por sus viajes al exterior. Que vive paseándose, que no se queda en el país, que gasta en turismo. Sus críticos hasta le llevan la cuenta de los aviones que aborda, pero parecen olvidarse de contar los resultados. Y los resultados, señores, están a la vista. No se consiguen semejantes acontecimientos quedándose sentado detrás de un escritorio.

Hablemos de dinero, que es el idioma que todos entendemos. El Rally del Paraguay de este año generó un impacto económico estimado de casi 210 millones de dólares, con unos 55.000 visitantes extranjeros. Los Panamericanos Junior del año pasado también movilizaron centenares de millones. Ahora, los World Skate Games llenaron hoteles, restaurantes y otros servicios con visitantes llegados de todas partes. No todo ese impacto es dinero que entra directamente a las cajas registradoras, pero estamos hablando de cifras formidables para nuestra economía. Y de trabajo, muchísimo trabajo, especialmente para los jóvenes.

Este es el Paraguay que queremos. El que se anima a competir, que muestra su hospitalidad, que descubre que el turismo deportivo puede convertirse en una verdadera industria. Un país que ya consiguió, además, la sede de los Juegos Panamericanos de 2031. Todo un salto de categoría.

Pero cuando las cosas marchaban tan bien, tenía que aparecer alguien (merecería un calificativo más duro) a meter la pata. ¡Y de qué manera!

En plena celebración de los World Skate Games, la Costanera de Asunción protagonizó un papelón internacional. Tres pruebas tuvieron que suspenderse por las malas condiciones del asfalto del circuito. ¡El asfalto! Justamente aquello que debía estar impecable mucho antes de que llegaran los competidores. Una falla inconcebible en una competencia mundial que exige condiciones especiales de seguridad. Atletas que viajaron miles de kilómetros, delegaciones que confiaron en nosotros y organizadores que terminaron dando explicaciones que jamás debieron dar.

A los responsables municipales de semejante despropósito les corresponde un buen akapeté, como decimos en guaraní. Pero uno de esos que sirven para despertar a quien parece vivir en otro planeta. ¿Cómo se puede llegar a semejante improvisación cuando la fecha de la competencia se conocía con tanta anticipación? ¿Quién controló los trabajos? ¿Quién debía garantizar que la pista estuviera en condiciones? ¿O acaso nadie era responsable de nada?

No basta con encogerse de hombros, ensayar disculpas y seguir como si nada. Hay que investigar, identificar a quienes fallaron y aplicar sanciones severas cuando corresponda. Porque esto no es un bache cualquiera ni otra de las tantas barbaridades municipales que sufrimos los asuncenos. Es un golpe a la imagen de un país que está haciendo un esfuerzo enorme por ganarse la confianza del mundo.

Y aquí está lo más grave: con estos papelones no solo se perjudica una competencia deportiva. Se pone en riesgo una fuente genuina de ingresos, oportunidades y trabajo para miles de paraguayos. Cada visitante que viene, cada hotel que se llena y cada negocio que vende más son parte de una cadena que debemos proteger como oro.

No podemos permitir que la desidia de unos pocos eche tierra sobre el trabajo de tantos. Al Paraguay le costó demasiado llegar hasta aquí. Que el akapeté sea ejemplar y que esta vergüenza no vuelva a repetirse ¡nunca jamás¡

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