Succession

Miguel Almada Frutos

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Succession

Para mí, la mejor serie de la historia. “Succession”, de Jesse Armstrong, trata de la deriva familiar a partir del ocaso y convalecencia de un magnate de la industria del entretenimiento y quién de sus 4 hijos ocupará su lugar. Quién lo sucederá, de allí el nombre de la serie que en español se traduce como “Sucesión”.

La virtud de la historia, que la pueden ver en HBO, radica en el desgranamiento que en 4 temporadas se hace de las personalidades de los 4 hijos, candidatos a sucesores, tanto en su fuero íntimo como, y he aquí lo más cautivante, en la real naturaleza del vínculo que cada cual desarrolló con su padre –un hombre tosco en sus formas, pero genial en sus intuiciones tanto empresariales como humanas– y que a la postre determina de un modo radical el modo de ver la vida y entender el mundo de cada uno de ellos, del que surgen inercialmente sus decisiones cotidianas.

La serie no va del poder, no va del dinero, ni siquiera del magnate Logan Roy y sus excentricidades, como pretende aparentar. Va de cómo todo ello explica cómo han crecido, cómo piensan, qué desean y, lo más importante, predice qué harán sus hijos en sus decisiones personales, familiares, empresariales y también políticas.

Lo bueno del arte, del buen arte, es que permite relacionarse con la realidad desde una perspectiva distinta, donde se aparenta una cosa, pero en realidad el creador solo se vale de ella como un anzuelo para enroscarnos en realidades más difíciles de abordar, y ni qué decir digerir, si se las encara sin esa intermediación del artista que nos hace viajar desde la magia de la apariencia inocente, inofensiva y hasta indolente, a las profundidades del alma humana con sus muchas luces y aún más sombras.

El “Succession” paraguayo de esta semana: ¿qué tiene de real y qué de apariencia? De apariencia, la pugna de liderazgos, los nuevos equilibrios, alianzas y fotografías, que nos prefiguran una mera pelea de poderosos por el poder. ¿Y de realidad? El ocaso y convalecencia del Logan Roy nativo, y su sucesión por los Connor, Ken, Shiv y Roman Roy, también nativos.

Desconozco cómo terminará la historia local, y acaso importe bien poco porque no merecerá más que una nota al pie en los manuales que se escriban sobre nuestro país en 100 años. Porque esa es la historia que verdaderamente importa: la que puede dejar lecciones de vida y de destreza emocional a esta generación, añadiéndonos valor para ser más sabios mañana.

La historia en la que debemos reparar, como en “Succession”, es la de la evolución humana de los sucesores a partir del ejemplo, la enseñanza, el legado –en síntesis– de su ascendente: el sucedido.

La escena más impactante de la serie que titula este artículo es la de la reacción de cada uno de los hijos ante la muerte del padre. Connor con total indiferencia, Ken con distante melancolía, Shiv con una dolorosa evasión y Roman, el más desconectado en toda la trama de cualquier tipo de sentimientos, acompañando el cuerpo de su padre, tocándolo, sintiéndolo. Esas reacciones, tan distintas una de la otra, son lo que su papá hizo de cada uno de ellos.

Pasemos de vuelta al “Succession” paraguayo. Y viendo el comportamiento de cada uno de los actores locales, hagamos el ejercicio de encasillarlos según los personajes de la serie. Y vean la serie para enterarse de cuál de las 4 actitudes es la que se queda con el Imperio Waystar Royco (o no).

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