El 18 de octubre de 1891, una gesta revolucionaria impulsada por el Centro Democrático buscó derrocar al gobierno colorado de Juan Gualberto González. La fecha quedó grabada en la memoria política paraguaya y el liberalismo adoptó históricamente.
El Partido Liberal gobernó un total de 36 años, estructurados en tres etapas históricas distintas. Desde la Revolución de 1904 hasta la Revolución Febrerista de 1936, una posterior gestión entre 1937 y 1940 impulsada por los mandatarios Félix Paiva y José Félix Estigarribia, y finalmente una breve transición democrática liderada por Federico Franco entre 2012 y 2013 tras el juicio político a Fernando Lugo.
En la actualidad, la denominada principal organización política de la oposición atraviesa una etapa de redefinición estructural que condiciona su peso en el escenario electoral del país.
El primer elemento que explica la actual situación del liberalismo radica en la indefinición de su línea de pensamiento y de su oferta electoral, así como la falta de precisión doctrinal y de un proyecto claro de gestión pública.
La tremenda desconexión que existe entre el ideario original y la formulación de propuestas concretas de los líderes actuales la ha debilitado en la consideración ciudadana. Esta fragilidad se proyecta directamente en el desempeño electoral.
El distanciamiento respecto a los sectores juveniles y urbanos ha abierto espacio para la consolidación de terceras fuerzas, reduciendo la capacidad de convocatoria de la estructura tradicional.
Precisamente, a meses de tener que definirse el panorama opositor para las generales del 2028, el debate se centra en el rol que debe asumir el partido en la construcción de alternativas nacionales.
Si consideramos que no existe en el PLRA un nombre con peso propio como para encabezar un proyecto viable, le quedaría jugar el papel de articulador de plataformas.
La insistencia de la actual conducción liberal de que la chapa presidencial debe estar encabezada por un referente de este partido no va más allá de una expresión, una cuestión declamativa.
Sin mecanismos institucionales de resolución de disputas y sin una renovación de sus cuadros dirigenciales, la atomización progresiva continuará afectando a esta agrupación política.
A 135 años de aquella gesta revolucionaria y pese a ser la segunda fuerza política detrás del coloradismo, el PLRA se debate en un dilema entre recobrar su identidad o convertirse en un partido residual, testimonial y minoritario.


