¿Y ahora quién es el guapo?

Raúl Latorre lo planteó sin rodeos el día de las elecciones municipales: “Hay que ver quiénes son los guapos”. La frase quedó instalada como una espe…

| Por Judiht Vazquez
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Raúl Latorre lo planteó sin rodeos el día de las elecciones municipales: “Hay que ver quiénes son los guapos”. La frase quedó instalada como una especie de desafío entre dirigentes colorados que aspiran a integrar la chapa presidencial de Honor Colorado para 2028. Ahora, con los resultados sobre la mesa, la pregunta adquiere otro sentido: ¿el guapo era realmente tan guapo?

Las urnas dejaron una fotografía incómoda para dos de los nombres que suenan para acompañar a Pedro Alliana en la carrera presidencial.

Camilo Pérez, respaldado por Latorre, perdió en Asunción frente a Soledad Núñez. En Villarrica, Rubén “Pilo” Fanego, candidato apoyado por César Sosa, tampoco consiguió imponerse ante el liberal Magín Benítez, quien logró la reelección.

Mientras tanto, Juan Carlos Baruja encontró en Paraguarí un resultado que fortalece su posicionamiento. La ANR conquistó 15 de las 18 intendencias del departamento, tres más que en 2021. Entre las plazas recuperadas figuran Yaguarón, Pirayú y Acahay.

No es poca cosa. En una competencia donde cada dirigente intenta demostrar que tiene territorio, votos y capacidad de movilización, los resultados cuentan más que los discursos. Baruja no necesitó convertir la disputa en una competencia pública de bravura, su departamento terminó hablando por él.

Eso no significa que las municipales hayan definido quién será el próximo vicepresidente. Tampoco borra la fuerza de Sosa, cuyo departamento mantuvo 14 intendencias coloradas de un total de 18. Pero la derrota en Villarrica, la capital que concentra buena parte de su exposición política, dejó una pregunta difícil de esquivar.

¿Cómo se explica una hegemonía departamental que no alcanza para conquistar la propia capital?

Latorre enfrenta una paradoja parecida. La lista colorada para la Junta Municipal de Asunción obtuvo 149.231 votos, pero Camilo Pérez perdió la Intendencia frente a Soledad Núñez, quien consiguió 133.325 sufragios contra los 128.301 del candidato colorado.

Y aquí aparece la paradoja bíblica: “Ningún profeta es aceptado en su propia tierra”. No fue escrita para describir elecciones municipales, pero sirve para ilustrar una contradicción de la política. Un dirigente puede tener influencia en el departamento, pero eso no garantiza que su candidato gane en casa.

A Sosa le ocurrió en Villarrica. A Latorre, en Asunción. Baruja, en cambio, logró sostener su proyecto en Paraguarí y ampliar la presencia colorada. En esta medición territorial, las diferencias están a la vista.

Al final, el desafío de Latorre terminó convirtiéndose en una pregunta que las urnas respondieron a su manera. El que habló de los guapos también tuvo que procesar una derrota; el que defendía su peso departamental perdió en su capital; y el que avanzó con menos estridencia consiguió mostrar resultados.

¿Y ahora quién es el guapo? La respuesta no define la chapa de 2028, pero sí deja una lección para quienes aspiran a integrarla. En política, la fuerza se anuncia con palabras, pero se mide con votos.

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