El dilema liberal hacia el 2028

Por José Cardozo

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Si el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) logra estructurar una propuesta renovada, con equilibrio financiero y apertura democrática, estará en condiciones de liderar un frente opositor apuntando al 2028.

Sin embargo, la efectividad de cualquier intento de concertación futura dependerá de la capacidad de la nucleación para resolver de manera previa su propia fragilidad institucional, presupuestaria y metodológica.

El primer requisito operativo pasa por el saneamiento de sus finanzas y la reactivación de su infraestructura en los diecisiete departamentos. Tras la debacle a la que Efraín Alegre llevó a la principal fuerza opositora en las últimas elecciones generales, la misma enfrenta el desafío de garantizar la sostenibilidad económica de sus estructuras administrativas y de campaña.

Sin un soporte logístico funcional y con números en orden, el peso territorial del liberalismo corre el riesgo de diluirse frente a maquinarias electorales mejor financiadas, restándole margen de negociación ante otras agrupaciones.

El segundo factor clave es el afianzamiento de la apertura democrática y el diálogo interno. La conducción del partido encabezada por Alcides Riveros necesita consolidar un clima predecible que estimule la participación de las bases, promueva el retorno de sectores disidentes y garantice mecanismos transparentes de selección de precandidaturas.

Prescindir de imposiciones de cúpula y habilitar competencias internas legítimas también resultará indispensable para evitar nuevas fracturas que debiliten la oferta electoral antes de tiempo.

Finalmente, la autoridad moral y política para encabezar una mesa de diálogo con referentes independientes y espacios regionales, como el proyecto representado por Miguel Prieto o las candidaturas en disputa en municipios clave como Asunción, dependerá de la solidez con la que el PLRA ordene su propia casa.

Solo con un partido cohesionado, previsible en sus normas y financieramente viable, la agrupación azul podrá actuar como el eje articulador del bloque opositor con miras a los comicios nacionales.

Si no lo hace, volverá a ser el furgón de cola de algún otro proyecto y definitivamente dejará de ser considerada como la segunda fuerza política del país y la principal estructura electoral de la oposición.

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